Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Baúl de los recuerdos

«... te lo dice la nariz que soy, mi / cartílago casi
la costilla que alguna vez, el hueso / que seremos si somos.»

Gonzalo Rojas

«Como los sueños, las reliquias tienen huesos,
músculos, y nervios: las hundes o te fustigan.»

Xoán A. Leiceaga

Bien pirámides o escombros, grávidos son los vestigios
con sus varias densidades.
Algunos, escollos lastres / de bronce o piedra, nos doblan;
otros, livianos fajos / de cálamos o calambur, los barre el viento;
y hay otros, experta luz / limpios y parabólicos, nos enderezan.

Cada latido novicio lanza al morral su suspiro,
lo aposenta en su organigrama 3D
y ahí lo deja señal, ingenua huella, desde estigma a simple paja.
Algunos, adultos en obediencia / hibernan, plañendo o no;
otros, duchos en indisciplina / ensueñan vociferando.
Los hay de llama en la nieve: sabiduría / carga y desata, ligero;
o de callo en las argollas: jumento / carga y sujeta, obeso.

También hay latidos rojos, tipo secuela:
heridas o grietas sin cicatriz / sedimentan sin crear.
Y hailos azules incluso, tipo señuelo:
el amor de una sirena / la soledad sin desierto.

La indiferencia tenaz de los vientos / sus látigos invisibles,
la honesta impaciencia de los granizos / sus molares sin empastes,
la templada solidez de los arcanos / la subrepticia zozobra,
los mil escalones de la rutina / la mena que se hizo ganga.

Sin cruz ni semen, ¿por qué baúl, y no ataúd del olvido?

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