Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Diablesas propias

«... fantasmas necesarios, partes de uno...»

Darío Jaramillo

Sus ollas cuecen alucinaciones, vitamínicas:
nutrientes para mi desnutrición.

Por ejemplo, las endebles de los sólidos criterios,
las añorantes vencidas por un espejo sincero,
las oxidadas que buscan regenerar el declive:
son mi cohabitación.
También, la acariciadora amante del temblor lento,
la sola que me fascina de las trescientas que me acorralan
o la que encaja sobre mi altivez para mostrar su respeto:
son mis latidos.
Incluso más, las ansiosas que en la rumba se me abren,
la boyas de la ternura, con sus anclas a favor del oleaje,
las racionales de la insensatez, sinusoides sobre mí:
son mi vaivén.
O aún, las vírgenes cuyas dudas no me rechazan,
aquella sor que no osa recorrerme sin anteojos
o la monja que me lame las heridas mal curadas:
son mi tedéum.
Y todavía, la paz feroz entre mis diablesas y mis ángelas,
sus presencias apremiantes, nítidas contra borrosas,
equilibrado su amor, frescor de estío y calores de invierno:
son convivencia.
Nieve y sol intercambiables, creativas son sus grietas,
delicados intersticios para el amo de mis huesos.

Mi chimenea dispara oxímoros, fertilizantes:
realimentación de sus cráteres.

Volver