Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Veintiuno

«Irnos quedando / solos
con / la / velocidad / de la Tierra.»

Gonzalo Rojas

La esperanza sigue en marcha, a la oquedad
siempre en su embozo, el de feliz inocencia.

Ni en las llamas del infierno, ni en las del cielo
ni entre despojos de la trinidad, ni de alá o buda
ni tampoco de un arcángel cualquiera
y menos aún con sermones, o agua bendita
se sella el cántaro de la esperanza.

Pudo ser Eos luzbel, con su ala oscura
o tal vez fuese Selene, la del diurno azul de paz
o las náyades, apenas un suponer.
No, fue la diosa, que en el ímpetu de su aburrimiento
emergió con su milagro, a rescatarla
del cubo de las creencias lacradas:
estiró el arco, disparó el dardo y erró
perforó el pálido blanco de los candores.

¡Súbete al suelo, brasa inconsciente,
cuida las ascuas que aún aletean bajo el sopor!

Ya se ve roto tu embozo, el de feliz inconsciencia
y aún escoras hacia el hueco, tierna esperanza.
Pulsa a tu augur: ¿alguna vez volveré a ser llama?

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