Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Aeronave cielo–tierra

Hondo soñaba con mi universo, el sin astro en singular
sin leyes, malas ni extrañas, solo con mi indiscutible resuello
sin historia escrita en gemas, esa hiel indigerible /
pues mis orejas escuchan, atentas, solo a elefantes y robles
si acaso al tenaz desnudo, jamás a harapos de moda
ni menos a pajarracos, apteryx, que caminan de rodillas

oh aves Fénix que predicáis la higiene rellena de sordidez /
ya que las preces de Manes llevan milenios pudriendo
¿en qué cloaca fecundáis las ideas maniqueas?
quizá sea en un pantano insaciable, ávido de más rebaño
o en un nido del buitre con sus pollos, ávidos de más carroña /
tal vez la psicología sea aún una doncella por desflorar

qué teósofos, eclécticos sobre arenas sagradas
sumidos en el disfraz achacoso de asombrosas escrituras
qué plumíferos, con sus leyendas sobre piedra artificial
e incluso sobre el trasero de sus filósofos de la verdad /
educadores con tubos por los que perros emergen carneros
sumos expertos, en lavativas de fe para el código civil
especialistas en lacrimogenia, y en publicidad de su más allá

seísmo es la voluntad del Fantasma, creando credos
inabordable martillo juez, cuyos laureles no tienen laurel
y excitante ordeno y mando de inmovilidad feroz /
sus prohijados, duendes enanos, yacen con dogmas
e indican que tu obediencia es amor, pero si dudas tumor
que su certeza nos salva de nuestras pestes de liendres
para mañana en su azul, gozar con el vaho de sus arcoíris.

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