Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

216

Algunos, viajeros, circulan
con rico atuendo, y con sus finas palabras.
Pocos estiman obsceno que muchos otros, arrinconados
corran descalzos y mudos.

217

Tras su lujoso teatro, los de la casta
conceden una mirada, aguada con displicencia.
Los escasos de la pluma rascan su libro, o releen sus rarezas.
Y los otros se reducen a cuidar su posesión, la solidez de su arrinconamiento.

218

Los unos, altivos, se inclinan ante el Gran Escurridizo
y se sacuden el polvo de la incumbencia
y se sacuden después la culpa.
Son la nada refinada

219

Cuánto más dueños de los senderos, más impropios son sus pasos
más impropia es la insistencia, su seducción de palabra
más gargajos y más baba, sobre sus fauces
y más dura es su censura.

220

¿Cómo entender que cada paso es un paso irrepetible?
¿Cómo entender que cada éxodo, cada incerteza, cada manto y cada mota
es una seña, exilio o fuente, es responsabilidad y agua bendita?
¿Cómo entender que el único fluido santo es la luz?
¿Cómo insistir, con tenaz inconsistencia
en lo que obstruye a la luz?

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