Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

236

Cuando los chillidos de una palabra arrecian
son campanadas que anuncian
un alumbramiento.

237

El silencio, esa tozuda lealtad, centinela hábil
me guarda bajo su pátina tierna.
Su fogosa placidez.

238

El silencio, es un cauce de agua dulce que nos orienta ante las espesuras.
El silencio, es imperturbable lengua glaciar que nos congela
nos arrastra y nos lapida, en su morrena.

238-bis

El silencio es una noche que nos conduce a la luz
o también, alguna vez aterradoramente
la luz que reza a la noche.

239

El silencio es primordial y copiosa intensidad
sólido asidero de lo por hacer
amorosa extranjera.
Es tu recuperación de fuerzas
concentración densísima y tenaz del tiempo.

240

Ante los ojos, con tus pájaros sin alas
se te transforma el silencio, y ya es tu propia consternación.
¿Podrías decirme tú, su hermana, lo que ves en tu silencio?
¿Será la mano nevada, o el aire voraz?

240-bis

Sordamente para muchos
silencio mudo es la desesperanza.
¿Qué puede ser para ti el silencio, extranjera?
¿Espíritu de humo de blanco, o chorros de humo de negro?

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