Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

296

El sabio ha comprendido, muy pronto, que la molesta inocencia
se había ausentado usada con los retoños de Eva.
O antes, con la costilla de Adán.

296-bis

El sabio tiene por cierto
que la inocencia por siempre se hundió
con el tercer habitante.

297

Únicamente en aquel extravagante paraíso de la inexistencia total
sus antropoides se multiplicarían con afán de regalar.
¡Qué duro sería prender en ese fuego!

298

Al albor, la luz interna del sabio, inagotable
le dicta nuevas palabras a sus manos obedientes y ansiosas.
¡Derramamiento tantas veces despreciado!
¡Fervor tantas veces estéril!

299

No se ocupa el sabio de alumbramientos, ni del fulgor de su luz ni el de su oscuridad
nunca se ocupa de los amaneceres, ni de las bonanzas ni de las riquezas
rebusca el sabor de la fruta en el árbol, y de los ajos en tierra, y los peces en el agua
y cada alba le repasa que fe es perder, y que dudar es inmaculada preñez.

300

El sabio respira y vacila, suspira y titubea, embebido sobre el libro.
Le late el alma sin la angustia de contagios casuales
sin ocuparse de los ritmos de la carne
olvidado del color de su piel.
Y al extranjero le ofrece su ebullición, su nieve al sol.

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