Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Aquellas y estas crisis

«La agonía que experimentamos cuando ya no
podemos vivir sin éste o aquélla, define el amor.»

Pascal Quignard

Esa voz que tiembla, esa espina que atraviesa la garganta, ese nudo
que sólo se deshace tras consumación devota y procesión a un
nuevo clímax.

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Esa interna musical tormenta, que florece en la inmensidad que abriga
el sueño, en esa calma, en esos horizontes resecos o empapados
en cuyo caos te encuentro.

Esas palabras grabadas sobre arena o agua, que la noche reconquista
cuando las eclipsa el día, esos versos crudos que la serena riega y
las lágrimas cristalizan.

Esa rabia antítesis de los falsos vientos y los falsos rayos, de los falsos
gestos y de toda la estridente falsedad que nos arrojan, ese silencio
contra el que chocan todos sus mordaces ecos.

Ese mi tan natural y voluntario encierro, cárcel de sol lleno o afligida
luna,que ilumina mi aspereza y me protege así de las rejas con uñas,
que hace arder mi austeridad y me protege así del afilado hielo.

Ese desprendimiento, sobrio y dulcísimo, de la propia cáscara y del ego,
la limpia metamorfosis, la expulsión al vacío de los improperios, y
de repente esa resurrección de la inocencia en busca del fondo de
lo nuestro.

Esa huida del artificio y del neón de sus fuegos, esa decidida inmersión
en la hoguera de leña, ese oscuro vientre de luz, sobrio y dulcísimo,
en el que se nutren y se alivian las agonías y los estertores, en el que
que renace la esperanza del retorno a los sabores gloriosos
del estremecimiento.

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