Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Dueña feliz *

«¡Qué gran error, el error de imaginar el amor!»

Yo Mismo

Te has adueñado de sus desaciertos, refinándolos
has derrochado tus sueños osados de niña, tu filo de curiosidad
has caído bajo el imperio memo de los velos y las modas
has sorteado a las nubes y renunciado al arco iris, y a volar
te has enclaustrado, entre el suelo y un cielo raso muy bajo
has elevado al sagrario el teléfono y las cuentas
te has ido armando de astillas y del sagrado reproche
has plantado en casa espinas y en la calle verdes rosas
te has fugado de lo vuestro, de la selva solitaria de soñar
en sus vísceras has hurgado, y exhibido sin atender
has helado su comida, y su licor despreciado
le has preparado el café con azúcar y los huevos con vinagre
le has puesto muy blando el colchón y altísima la almohada
has nevado en su energía e incendiado su madera
como argumento has usado tu hábito largo y la cofia
has renunciado, a comer su carne y a beber su vino
no has querido asesinarlo mas no has dejado de herirlo
sin palpar ausculta has dicho, y para tocar pon guantes
no has querido tentar nunca la inundación de inundarlo
ni apreciar sus calenturas, ni su simiente ni savia
sólo gusana en la muerte lo has abrazado

una tarde oraste por él al glaciar que está en tus cielos
fue el día de la paz sucia de tu limpio abatimiento
a fondo no le has llorado, ni te importaba si por ti lloraba
sana hojarasca, nunca caída en locuras de abonar
qué bien que has conseguido así completar tu felicidad.

(*) Otra versión, complementaria no sé pero prima sí, en 'Esclava feliz' (justo el poema anterior).

Volver