Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Embrollo forzoso

No sé por qué, pero me siento red de capturar ante el próximo espejismo,
aunque vulgarmente se me escurra entre unos dedos tan retorcidos
como las raíces de su ahínco.

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Tampoco sé por qué los rastros me coinciden tanto con las premoniciones,
ni por qué los resfriados me huyen y las calenturas me acuden en la
mano de la sed.

Ni sé por qué tan a menudo, como si veterana compañía de viaje y antena
permanente, una puerta se me abre para otra fugazmente reconstitu-
yente consumación del ardor.

Por eso me pregunto: a quién buscáis por este ladino y terco laberinto de
muros sordomudos, enemigo del sabroso ensueño y amigo de la sís-
mica y magnética complicidad.

Apenas sé por qué me encuentro tan ermitaño en medio de esta humedad
vegetal, en este bosque voluptuoso que ha ido creciendo alrededor
de mi ADN.

Tampoco sé bien por qué la insensata fantasía es así de sugestiva, y obs-
tinada, por qué sus fractales son tan frondosos, por qué tan huraca-
nes e inagotables sus quimeras.

¿Por qué, horizonte de mi alma, cuerpo de mi horizonte, eres tan insolen-
temente hipnótico, tan violentamente quieto nocturno rojo y, sin em-
bargo, tan móvil, tan escurridizo?

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