Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Gracia [vi*]

«Entonces entré en mi casa y escribí:
Es medianoche. La lluvia azota los cristales.
No era medianoche. No llovía.»

Samuel Beckett

Estaba oscuro lo liviano.
Con diluvios de su cháchara seca me han masturbado
y fueron ellos
esos demonizadores del onanismo:
para olvidar he tenido aprender, subirme al yermo.
Y estuvo claro lo espeso.

No llueve.
Azotaban mis cristales
cien kilómetros de predicadores con cacahuetes
tal que dijo Belcebú, arcángel acreditado
a sus tropeles de moscas y cucarachas
«creced y multiplicaos»
en colchones farragosos, con almohadas de paja.
Llovía.

No es medioanoche.
El estilo es la corbata, o la epidermis, o su desfile
con dentaduras postizas agoniza la sustancia
lo natural ha caducado.
Es medioanoche.

Entré en mi casa.
Ya no es precisa una fe, para matar la esperanza
ya no es precisa la luz, ya no es precisa la sangre
para hoy decir los «te amo».
No escribí.

O la versión anterior

Gracia [vi**]

«Entonces salí de casa sin escribir:
El pleno sol me atizaba.
Estaba oscuro.»

Xoan Leiceaga

Me han maniatado con granizadas de baba
refrescada en cada otoño, pero podrida.
He tenido que ascender para olvidar.
Leguas de predicadores, con alcahuetes
palabras moribundas en el lecho
sobre colchones inflados de paja
sobre almohadas de caos.
«Creced y multiplicaos», dijo su Fausto
a la multitud de larvas y parásitos.

¿Aquella naturaleza?, es un valor caducado.
¿Aquel estilo?, una corbata, o procesión o mercado.
¿Y la sustancia?, agonizando
en la carísima fonda de los doctos charlatanes.

Ya es engorrosa la fe para orar
ya es importuna una gota de sangre
para fingir uno solo de aquellos viejos «te quiero».

PD:
No tuve casa, no entré.
El sol quemaba la lluvia, yo de cristal.
La lluvia ahogaba el sol, y yo con sed.

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