Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Severa condición

Después de la luz
tenaces nos invaden las miserias
que ya en el vientre exhibían sus prisas:

Una, flemas y el poso, diezmo de las catequesis
y pronto, el contagio y las endemias
y después, se extiende un caucho por los juramentos
algo más tarde sentimos, arrugas vivas en la rigidez
y cómo, al fondo, pedalean las artrosis.
Y se suceden así, las lentas tiñas espesas, y
la catarata, que inoperable acelera
la sagrada intensidad de la aguja del reloj.

Miserables las miserias
que nunca renegarán de sus brotes ventajistas
de las tercas frías mugres, sus estrategas
de su disfraz de impudor, y aun de su eclipse.
Nunca antes del telegrama, ni durante el estertor
ni aún, cuando el letargo ya a punto
a destiempo arriba el halo de lucidez.

O la versión anterior

Condición

Terquísimas nos inundan nuestras miserias
que ya en el vientre lucían su prisa para nacer.
Brotó después aquel tributo infantil de la instrucción
y, tras él, la cría de una borra pegajosa
y sus endemias, y el afán de los contagios.
Algo más tarde, surge y se extiende
un caucho encima de los rancios juramentos
desde antes de las artrosis hasta durante
e incluso a continuación de los baipás.
Y aparecen cataratas, adscritas
al deterioro del sanguíneo reloj
desde el apriori, al confín del posteriori.

No desertarán jamás
de su lugar ventajista de descendientes bastardos
y, tal cual piedras heladas, siguen ahí
como tierras empeñadas en eclipsarse
desde antes del postrer timbre, hasta el novel estertor
desnudas con su disfraz o vestidas de impudor
tozudas con la insoportable desconexión.

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