Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

161

Tus reflejos me vistieron de paz
frente a la nula decencia de las ruedas de molino
ante su ferocidad con tus obleas nocturnas, panes de carne y vino.

162

Me agasajabas con ternuras imborrables
en especial, cuando mi abuso te transformaba en gemidos.

163

¡Tantas veces te he pedido que descubrieras tu puerta del todo!
y yo entretanto, inmóvil, mantenía la llave en la mía
Cínico, reservaba para mí la absolución.

164

Tierra y coral, selva con mar: ya he superado mis milenios de frontera.
Te he implorado, Afrodita, y el límite lo has hecho agua
y una cruz de tu mano lo ha vuelto playa.

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