Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

97

Coronada por el amanecer
fue emergiendo lento y limpio tu natural.
La selva y el océano palidecieron entonces de envidia.

98

Alba, alimentabas pasiva la bujía de tu pecho.
Crepuscular, recogías de la bruma el timón de tus raíces.
Y en noche blanca, te entregabas a mi luz y a mi rosa de los vientos.

99

Aquellas y estas, gravísimas quemaduras
permanecerán en su contumacia
de encarnadas cicatrices
cuán fraternales.

100

Firme alcancé a desnudar los nudos de tu sustancia.
Y entonces lento, con zambullidas en ti
has desnudado a mis nudos.

Volver