Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Reflexión

Reflexión 1

SARAMAGO, JOSÉ

(Azinhaga, Alentejo, Portugal, 1923-2010)

  1. (P. Nobel 1998):
    Niego la influencia, al menos en el sentido de las respuestas tradicionales, de la literatura sobre la sociedad y afirmo en cambio el sometimiento de la literatura a las presiones de la sociedad a través de la previa sumisión de los autores...
  2. ('El año de la muerte de Ricardo Reis'):
    Más vanidoso que un poeta sólo lo es un poeta menor.
  3. ... razón tenía aquel francés que dijo que la palabra le fue dada al hombre para disfrazar el pensamiento....
  4. ('El año de la muerte de Ricardo Reis' / Conversación entre Pessoa y Reis):
    Me asusté un poco cuando oí llamar, no pensé que pudiera ser usted, pero no tenía miedo, era la soledad. Vaya, la soledad, le queda mucho por aprender aún hasta que sepa que es eso. Siempre he vivido solo. También yo, pero la soledad no es vivir solo, la soledad es no ser capaz de hacer compañía a alguien o a algo que está en nosotros, la soledad no es un árbol en medio de una llanura donde sólo está él, es la distancia entre la savia profunda y la corteza, entre la hoja y la raíz. Usted desvaría, todo cuanto dice está relacionado entre sí, no hay ahí soledad alguna. Dejemos al árbol, mire para dentro de sí y vea la soledad. Como dijo el otro, solitario andar entre la gente. Peor que eso, solitario es estar donde ni nosotros mismos estamos. Está hoy de pésimo humor. Tengo días así. No hablaba yo de esa soledad, sino de otra, la que anda entre nosotros, la soportable, la que nos hace compañía. Incluso a esa a veces no logramos soportarla, suplicamos una presencia, una voz, otras veces esa misma voz y esa misma presencia sólo sirven para hacerla intolerable.
  5. ('El año de la muerte de Ricardo Reis'):
    ... podía ser verdad, podía ser mentira, es esa la insuficiencia de las palabras o, al contrario, su condena por duplicidad sistemática, una palabra miente, con la misma palabra se dice la verdad, no somos lo que decimos, somos el crédito que nos dan.
  6. (Levantado del suelo'):
    Después de la tierra, lo primero que Lamberto necesita es un capataz. El capataz y el látigo que pone orden en la jauría. Es un perro elegido entre los perros para morder a los perros. Conviene que sea perro para conocer las mañas y defensas de los perros. No se va a buscar un capataz entre los hijos de Norberto... Un capataz es, en primer lugar, un criado, con privilegios y remuneración acordes con el exceso de trabajo que es capaz de arrancar a la cuadrilla. Pero es un criado. Está colocado entre los primeros y los últimos, es una especie de mula humana, una aberración, un judas, alguien que traiciona a sus semejantes a cambio de más poder y algún mendrugo más.
  7. Todo esto son males, y grandes males. Diríamos, para usar el lenguaje del padre Agamedes, que son los tres jinetes del apocalipsis, que eran cuatro, y, empezando a contar, incluso con los dedos para quien no sepa sistema mejor, tenemos el primero que es la guerra, el segundo que es la peste, el tercero que es el hambre, y ahora llega el cuarto que es el de las fieras de la tierra.
  8. (Entrevista 2009 / Acerca de 'Caín'):
    Ateo es sólo una palabra. En el fondo, estoy empapado de valores cristianos, y es verdad que algunos de estos valores coinciden con valores de humanismo. Los acepto. Ahora bien, todo lo que tiene que ver con la creencia en un Dios superior y eterno, que un día me condenará, me parece una simpleza.
  9. ('Memorial del convento'):
    Mateus dejó un huerto y una casa vieja. Tenía tierras en lo alto de la Vela. Pasó años limpiándolas de piedras hasta que la azada pudo entrar en tierra blanda. No ha valido la pena, las piedras están allí otra vez, en definitiva, ¿para qué viene un hombre a este mundo?.
  10. ('La caverna'):
    Buena verdad es que ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe.
  11. El otro es como yo y tiene el derecho de decir yo.
  12. Los libros hablan unos con otros desde los estantes: si hay un libro de Shakespeare y otro de Cervantes cerca, es imposible que no se comuniquen. Y si no, estamos nosotros para servirles de puente.
  13. Cuando era niño, la única puerta que se podía empujar para ver qué había del otro lado de la propia clase social era el libro, la curiosidad de saber algo más.

Reflexión 2

ENTREVISTA de J. M. ROCA a G. ROJAS, con mis COMENTARIOS

Parte III y última

DEFENSA de la RE–NIÑEZ

. . .

Juan Manuel Roca: Digamos que en la poesía chilena, que es una poética tan rica y que desde Ercilla hasta nuestros días ha mostrado tantos matices...

Gonzalo Rojas: Qué bonito lo que me vienes diciendo, me conmueve eso.

XLB: Aceptado, pues.

Juan Manuel Roca: Hay varias vertientes en esa poesía tan enriquecedora de nuestra lengua, ¿Tú te insertarías en alguna tradición de la poesía chilena, o te ves anómalo, que no encajas en el mapa de la poesía chilena, o tienes tus hombres de Cromagnon, por decir, del lenguaje?

Gonzalo Rojas: Yo creo en lo que decía Apollinaire en la larga disputa entre la tradición y la invención, eso opera, no tiene remedio, y estoy por la tradición. Y lo que me duele muchas veces, es que los jóvenes, o las gentes de estas últimas décadas, olviden que hay una tradición que debemos proseguir y que nació como un proyecto de auténtica autonomía cultural de nuestros pueblos iberoamericanos allá por la mitad del siglo XIX. Por ejemplo en 1842 cuando Bello concurre a Santiago, se encuentra con Sarmiento y otros jóvenes que son los que ponen en marcha un proyecto de pensar y de decir distinto. No te olvides que Bello escribe su gramática desafiantemente con una gracia única en el año 1827 y la Academia tiene que inclinarse ante ese muchacho, capaz de proponer otras claves hasta para lo ortográfico. Es muy divertido.

A mí me gusta pensar hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo, compañero, eso es lo que tiene que hacer un poeta, pienso yo.

XLB: A mí también me gusta eso de «pensar hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo»; mejor dicho, me resulta inevitable. Al mismo tiempo tradición y futuro, ambos inevitable nube de fusión.

Juan Manuel Roca: Hay otra cosa que quisiera que nos contaras y es el momento de tu salida forzosa de Chile hacia el exilio venezolano. En Venezuela ¿hubo un cambio, digamos de preocupaciones temáticas, estilísticas en tu obra, o no se produjo al contacto con otra geografía, no se modificó tu obra?

Gonzalo Rojas: Te voy a decir que el sol en el cual yo había soñado, voy a hablar del sol, se me dio, se me mostró en esos amaneceres fenomenales del trópico de los cuales nosotros no tenemos experiencia allá abajo, nosotros no tenemos esa experiencia en el sur de Suramérica. Ese crepúsculo matinal por ejemplo, que hay en otros países, el tuyo también, ese crepúsculo matinal, antes de que aparezca el sol, es un crepúsculo preciosísimo, y divertidamente yo le puse a ese libro Oscuro. No, le dio un vuelo, ¿cómo se dirá?, a mi imaginación, ese plazo hermosísimo. Nos habían dicho muchas veces por allá abajo, con un descaro y una falta de respeto muy grandes, que el trópico era una suma de qué sé yo, desórdenes, caos, ¡no!, ¡no! De estos trópicos sale nada menos que un Bolívar, un Bello, un Martí, cuántos, cuántos, cuántos. Operó mucho en mí eso, yo diría que gané en contención. Fíjate lo que respondo en ese libro Oscuro, yo gané en contención.

XLB: Debe ser muy hermoso eso de encontrarse, de repente, con el sol viniendo de la nieve, un futuro viniendo de una tradición, la diversidad de lo complementario. Hermoso, sí. ¿Qué hago, yo aquí sino, en Medellín? De todos modos, me cuesta creer que un cambio poético serio sea producido sólo por un cambio de ambiente, aunque sí sea un factor de influencia. Otros me parecen, sin duda, el propio golpe del forzoso abandono del país de uno y los simples años que van pasando y buscan oportunidades de hacerse valer.

Juan Manuel Roca: Es un libro de un lenguaje más ascético.

Gonzalo Rojas: Más ascético, sí, sí. Ahí aprendí o se me dio más eso que los clásicos o no sé quiénes más, han llamado la parquedad, la poda fundamental. Es muy bonito el abolengo de la palabra poda que viene del latín putare que es pensar en latín, de ahí vino disputar, imputar, bueno, pero entonces cuando la t se dulcifica en la evolución de la lengua, de putare sale podar, y ese podar es una operación preciosa que no se da por desventura hoy entre los jóvenes que no saben ni silabear el mundo. Perdóname.

XLB: Lo opuesto del derramamiento, el dejarse llevar por la emoción (o la banalidad), es el asunto éste de podar y tan difícil de llevar a cabo, del que tantos escritores hablan en un tono de preocupación, como si se tratase de un condicionante clave, en casos casi obsesivo o jocosamente obsesivo, y tan especialmente relevante en el caso de la poesía, en el que uno de los objetivos aceptados como comunes es el de decir lo máximo con lo mínimo (¡parquedad o ascesis, qué bien!... y en cuyo extremo está el silencio). Por mi parte reconozco mi ambición teórica y mi incapacidad práctica.

Juan Manuel Roca: Y Gonzalo, uno encuentra esa vigilancia en el lenguaje, no encuentra uno en tu poesía una externa verbosidad en un momento y quizás tiende a eso que estamos hablando, quizás sea para ti más importante la mano que borra que la mano que escribe.

Gonzalo Rojas: Sin duda, yo creo en eso, y por eso creo en lo que no alcanzo a decir, y no es que sea un metafísico, pero el enigma funciona, el no alcanzar. Hay una línea muy hermosa de Goethe por ahí: “que no puedas llegar nunca, eso es lo que te hace grande”.

XLB: Bien dicho por JMR, «más importante la mano que borra que la mano que escribe», ese refuerzo de lo anterior. Resulta muy difícil, sí, encontrar en la poesía de GR palabras que sobren y eso lo avala. Otra cosa es la frase de Goethe, acertadísima pero que lleva a entrar en otro tema, el de la imposibilidad de conseguir la cima, como sí en cambio logra la naturaleza; esa frustración la llevamos todos encima, en todos los campos de arte y del conocimiento, pues la cima es una especie de horizonte que se nos escapa a medida que intentamos acercarnos a él. Y, al respecto de Goethe y de la misma idea, creo recordar que también dijo: "Gris es, amigo, toda teoría, y sólo es verde el dorado árbol de la vida".

Diré, no obstante, algo más. No creo que el mal de un poema esté en su extensión, en si es largo o corto, sino en si es más largo o más corto de lo imprescindible, en lo que pueda sobrar en él (sea por redundante, por la pura estética o sus adornos, por lo rebuscado del lenguaje,…). De ahí viene, o eso creo, la insistencia en lo de tachar o podar. El poeta tiene la obligación permanente de indagar y de ahí aprender, de los maestros y de sí mismo; el derramamiento no supone esfuerzo, o esfuerzo útil, ni por ello aprendizaje y progreso; de la concentración, la simplificación y la succión sí.

Juan Manuel Roca: Qué maravilla, qué bueno, Gonzalo, es cierto. De alguna manera, entonces uno entiende que el silencio es una cosa muy importante en el poema y el misterio, la cosa elusiva. ¿Qué pensarías de poetas como Nicanor Parra que tiene unos segmentos de su obra donde lo elusivo no aparece, sino que más bien es un lenguaje tan directo y tan coloquial que uno, particularmente yo, extrañaría el misterio. No que sea imposible hacer una gran poesía con sus creencias estéticas.

Gonzalo Rojas: Él hizo una poesía de fuerte injerto inglés, ¿no? Fue uno de esos poetas, lo mismo que Cardenal. Ellos leyeron en inglés, importó mucho tal vez de las poesías americana e inglesa, aquellas que se fundaban en un proyecto de oralidad, pero, vuelvo a decírtelo, la oralidad registra el ritmo igual. Es falso que haya que escribir como se habla, porque de repente uno puede hablar muy parcamente.

Hoy trabaja conmigo un campesino, Panchito, yo soy un viejo que estoy en una casa larga y tengo a ese trabajador conmigo, él cuida los jardines y unas cosas en casa. Y veníamos hace poco tiempo de lo alto de la cordillera donde tengo otro rincón mío y yo tenía que venir a España rápidamente. El venía manejando el carro y las nubes casi asediándonos ahí y yo venía entredormido porque tenía que ir a Concepción de Chile a tomar un avión hacia Santiago y de Santiago hacia Europa. Entonces Panchito que tiene una voz, no estropeada, sino muy de los campesinos de allá que no saben respirar bien, pregunta: “¿Don Gonzalo, usted va a eso de la poesía?”, “Sí Panchito, voy a eso de la poesía”. “Bueno y ¿qué es la poesía? “Esa es la parte que no sé, pues, Panchito, no sé lo que es la poesía”. Él irónico, habilísimo, me dice: “bueno, cuando lo sepa, me informa pues”. Esos son los tipos que saben, esos saben descifrar el juego difícil.

XLB: Coincido con la tesis de GR sobre la oralidad, pues yo veo que escribir como se habla puede llegar a ser útil como recurso momentáneo, pero llevado al extremo resulta no sólo falso sino absurdo, porque como se habla ya se habla y, entonces, ¿para qué escribir si uno no busca otra belleza más elevada y el respeto y mimo en la evolución del leguaje? Y nos queda la anécdota maravillosa de Panchito, parca, hermosa y bella, como ejemplo de cómo no se habla.

Juan Manuel Roca: Entre una poesía de ideas y una poesía de sentimientos que son a veces aparentemente antípodas, ¿tú te inclinarías por qué tipo de poética?

Gonzalo Rojas: Ahí sí que hago el vaivén pendular ¿no? casi de lo abstracto, si tú quieres, en el campo no del concepto, el concepto ya es otra cosa, pero desde una conciencia crítica, me paso a un estallido, casi como el que tengo, porque el otro día el médico me dijo que tenía no se qué arteria mala, de verdad, entonces en el ejercicio poético mío, se da ese vaivén pendular entre lo claro y lo oscuro, si cabe hablar, entre lo enigmático, lo secreto, lo que no alcanza y lo otro que dice relación con la circunstancia inmediata. Eso me gusta, y eso sin duda tuvo relación, o tiene relación con mi plazo de lector verdadero del surrealismo.

XLB: Esto me suena, seguramente por mi incompetencia, a lugar común. La filosofía es más (o pura) reflexión y la poesía es más (o impura) emoción, más o menos contenida a decir de Pessoa (y de tantos otros). ¡Qué fluyan ambas libremente! ¿Qué le impide a la emoción relajarse acostándose con la reflexión? Y viceversa, aunque tal vez menos, en la práctica. La respuesta de GR es la única posible en mi imaginación: el estallido pendular. Dejemos que discurra libremente el aliento del poeta en sus partos, dejemos que los poemas puedan ir embarazados de signos y significados y no solo de flores y de lágrimas. Tal vez, en el fondo, a la vista de la suciedad del pantano que nos ofrecen sin alternativa, el poeta no tiene otra posibilidad que generar otro mundo alejadísimo, una especie de antípoda equilibrante y que alumbra a la vida de un sentido que los dioses no fueron capaces de dar.

Juan Manuel Roca: A eso me iba a referir, al paso adelante en relación con el surrealismo que hay en tu obra, muy al contrario del espíritu privativamente surrealizante del grupo Mandrá-gora. Me parece que tiene que ver el rapto poético, la intuición, el automatismo si se quiere, pero que pasa por una especie de aduana del pensamiento, de reflexión posterior. ¿Cree en el poeta no sólo intuitivo, sino reflexivo?

Gonzalo Rojas: En el reflexivo, en eso soy como los romanos, me acuerdo de unas líneas de Horacio que se murió apenas a los 49 años, creo: “jugaste bastante, comiste bastante y también bebiste, es tiempo de que te vayas”. Mira qué bonito, claro, porque este es un juego, un juego grave, ya se sabe, ¿no?

XLB: ¡Y dale! A vueltas con lo mismo, cómo si la intuición y la reflexión fueran irreconciliables. Admitamos que, en poesía, la intuición va por delante y que además es predominante, pero ¿quién no repasa o precisa, poda o pule la intuición inicial de sus poemas con lo laborioso de un trabajo usualmente posterior? Y, por cierto, divertido Horacio que también escribió estos versos en su libro IV de las Odas: "Venus, ¿de nuevo vas a provocar / las guerras hace tiempo interrumpidas".

Juan Manuel Roca: Hay una cosa que dice Huizinga, que el juego es anterior a la cultura. ¿Tú crees que en la poesía ese elemento del juego es una cosa importante?

Gonzalo Rojas: Sin duda, es básico, por eso la niñez y la re-niñez de la que yo hablo, ¿no? Hace muchos años en Berlín me preguntaban sobre cómo crecí y de dónde venía, y hablé en defensa de la re-niñez que empezó a operar en mí encima de los 60 años. Arbitrario, pero así es.

XLB: Sí, no conozco el libro de Huizinga (Holanda, Homo Ludens, 1938), pero me inclino a pensar que efectivamente el juego es anterior a la cultura. Y que, si se considera el regreso a la niñez como una necesidad del poeta, y no sólo una conveniencia, el carácter de juego se vuelve tan básico como anota GR. Porque ¿desde qué otra plataforma, sino desde la niñez y el riesgo del juego, se puede llegar a la contradicción y a la impudicia que el poeta precisa para indagar en la intimidad de todos para dejar al descubierto después la suya propia? Y, también, coincido en que uno se atreve a ese regreso tanto más cuanto más avanza la edad. No sé si es o no arbitrario, pero así lo es o siento yo.

Juan Manuel Roca: Yo sé que es muy difícil buscar la aguja en el pajar del lenguaje, más o menos para preguntarte, cuál sería una palabra que te seduzca más allá de su belleza y de su significado. ¿Y cuál poema de tu obra sería el que te parezca una divisa de tu poesía, no necesariamente un arte poética, sino con el que te sientes más, si cabe la pobre palabra, identificado.

Gonzalo Rojas: ¡Qué bella pregunta! Un vocablo sobre el cual alguna vez he hecho mención, tal vez demasiada mención es el vocablo relámpago. Ese trisílabo esdrújulo que yo le oí a un hermanito mío cuando estábamos jugando en una casa, muerto ya el padre, mi padre había desaparecido, éramos ocho los chicos y estábamos jugando en la galería y entraban los rayos, los truenos, todo allí, yo tenía cinco años, y de repente uno de mis hermanitos dice relámpago, ese esdrújulo y te lo digo porque yo mismo soy un poeta esdrujulero si te fijas, hay mucho esdrújulo en lo mío, tal vez sincopado, quiere captar arrebatadamente, con una urgencia especial, el llamado sentido, o el llamado sin sentido, ¿no?. Entonces ese vocablo, esa palabra me funciona. Habrá otras palabras sin duda, pero esa singularmente, no es la única, no es que sea un obseso del relámpago, pero me apasiona. Y en cuanto al texto todavía me quedo con mi breve poema de once líneas que se llama Al silencio, si Al silencio.

XLB: Antes de nada debo pararme a pensar en el fundamento de la difícil bella pregunta, ¿cuál seducción es la que reside en las palabras más allá de su belleza y de su significado? o ¿qué cualidad es la que las hace más atractivas sin más o más atractivas para su uso poético? Tal vez ambigüedad o precisión, sonoridad o somnolencia, sorpresa o abuso, contención y expansión, asociación con la imagen que encierra o neutralidad… o la relación con otras palabras claves en el lenguaje poético que, por su proximidad a fenómenos naturales que, como pueden ser luz y sombra, nieve o fuego, agua o tierra, etc., contienen un gran potencial de colaboración metafórica… o las que contienen acentuado acento que las hacen interesantes para marcar el ritmo… o la longitud o esdrujulismo que las hace aptas para la síncopa y de nuevo el ritmo… No sé si hay algún estudio al respecto ni si vale la pena hacerlo o, de una vez, dejarlo todo a la intuición y la música de cada uno, que es lo que de verdad funciona. En todo caso, las palabras clave de GR me gustan, porque son como ojos y casi invento; aunque unas más que otras, claro, por ejemplo más zumbido que relámpago. Debo añadir que la palabra zumbido me parece un extraordinario hallazgo que se abre pero define, original que sorprende, zumba, es cuerda y metal, y trisílaba aunque no esdrújula.

Juan Manuel Roca: ¿Quisieras leerlo?

Gonzalo Rojas: Bueno, la poesía se hace con palabras, pero también se hace con silencio. No lo digo, por favor, como una objeción a estas tareas de nuestros compañeros que han llevado adelante estas maravillas que son las sesiones de los festivales. A veces hay demasiado estruendo, ¿me entendiste?, mucho estruendo y... ¿cómo se dirá?, hay otra palabra para designar eso que tú ya me captaste. Entonces falta una contención que no debe ser tan intencionada tampoco, pero falta ese rigor, ese desvelo. Aquí encontré el poema:

Al silencio

Oh voz, única voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca te cansarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.

Ahí juegan los elementos que me importan, la contención, lo inabarcable y sin embargo abarcable, porque piensa tú que aquí se está usando el vocablo hueco, no el vocablo vacío que es muy de la mística budista o taoísta. No, no, es el hueco, tal como habla el pueblo de nuestra América hermosa: ¡estoy en lo hueco! Cuando uno tiene sus 15 años entra en un gran hueco, ¿no?, y está a los pies, a los costados, arriba y abajo hueco, ¿no?, aquí se dice Oh voz, única voz, al silencio se le llama única voz, mucho Oh voz, única voz todo el hueco del mar, y te fijas que entra de golpe todo el hueco del mar. ¿Por qué el hueco del mar? Bueno, porque el agua, las aguas de los mares son inmensas, parece que vinimos de allí todos los hijos de los hombres, todos, entonces imagínate por un instante que los mares, y todo el mar se queda hueco, es la oquedad mayor, máxima, entonces ¿qué se hace?, y entonces no solo el mar puede quedar hueco en esa mirada, puede quedar también hueco el cielo, con todo su sistema galáctico, con todas las galaxias que tanto ama Stephen Hawking del cual hablé ayer ¿no? Puede quedar hueco todo aquello que llamamos hermosura, sea a escala de la hermosura de las muchachas o a la escala de los paisajes, lo que fuere. Entonces este oyente, o este poeta absorto que escribe esto, dice: Oh voz, única voz, única voz: todo el hueco del mar, / todo el hueco del mar no bastaría, / todo el hueco del cielo, / toda la cavidad de la hermosura / no bastaría para contenerte, / y en fin sigue y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera...

XLB: No tengo nada que decir a esta triple lección de poesía que nos da GR; una sobre la lectura de un poema, otra sobre el título silencioso y otra sobre la palabra hueco. Sólo queda releer y varias veces, el poema y las otras dos lecciones.

Juan Manuel Roca: Muy hermoso poema. Una pregunta relacionada con el poema y con el silencio. Si el silencio es la única voz, ¿habría una especie de esperanto de silencios para la poesía? Con eso quiero decir ¿sería lo mismo el silencio de la poesía de Eliot, que el silencio de la poesía de Paul Celan, por decir dos nombres?

Gonzalo Rojas: Yo estoy no por la moda ni por nada, pero estoy más cerca del silencio de Celan, no del otro silencio que da para la metafísica. Este otro silencio es pavorosamente silencio y no más. Hueco. Resuena la oquedad.

XLB: No se me ocurre pensar que todos los poetas pudieran ser iguales (ni semejantes), que todos los poemas pudieran ser iguales (ni semejantes), que todos los silencios pudieran ser iguales (ni semejantes), ni que todo lo que se nos presenta pudiera ser igual o semejante. Lo que sí se me ocurre es que en cada espacio y en cada tiempo la poesía ha de ser innovadora, y eso supone decir lo que no se sabe aún o no se ha dicho aún o no se ha dicho de esta manera; es innovadora o es pasado, o sea, nada. Un verdadero problema para los poetas mentirosos, que siguen una moda o, por encima de la esencia, buscan la fama o escriben al dictado; su olvido absoluto es cosa de horas.

p class="centrado">Xoán A. Leiceaga Baltar, Julio de 2010