Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

Reflexión 1

Abecedario de escritores – Letra K

  1. Kafka, Franz (Praga, Chequia, 1883-1924)
    (Escritor): Creo que sólo deberíamos leer los libros que nos muerden y nos punzan. Si el libro que estamos leyendo no nos despabila dándonos un buen golpe en la cabeza, ¿para qué leerlo? Un libro tiene que ser el hacha que rompa nuestro mar congelado.
  2. Kant, Enmanuel (Königsberg, Alemania, 1724)
    (Filósofo):La estética es el reino de la finalidad sin fin.
  3. Kapuscinski, Ryszard (Pinks, Polonia, 1932-2007)
    (Periodista, escritor / 'Viajes con Herodoto'): >"El camino es el tesoro: el placer de abandonar la seguridad de la casa, de la tierra, de la familia y salir a lo desconocido en busca del Otro.
  4. Karajan, Herbert Von (Salzburgo, Alemania, 1908-1989)
    (Director de orquesta / 'Don Giovanni', Mozart): ... ese final para mí no es creíble... Suena a desencanto profundo de Mozart y Da Ponte, a burla amarga. Nadie puede creerse que una vez muerto Don Juan, la violencia haya desparecido para siempre de la tierra... Del mismo modo, nadie se cree que Don Juan se haya acostado con 1.003 mujeres, ni siquiera él mismo, ni por supuesto Leporello. Entonces, ¿a qué viene ese catálogo? Yo creo que a los seres humanos nos gusta que nos cuenten historias que sabemos que no son ciertas. Yo mismo tenía un amigo que siempre me explicaba fanfarronadas. Sabía que eran mentiras, pero me encantaba escucharlas. Eso es teatro. Un territorio, acaso el único, donde no hay límites a la creación.
  5. Kawabata, Yasunari (Osaka, Japón, 1899-1972)
    (Escritor / Haiku): En el cielo de Año Nuevo / mil grullas vuelan, / o eso me parece.
  6. Kertész, Imre (Budapest, Hungría, 1929)
    (Escritor): Si uno busca el éxito, sólo tiene dos caminos, o lo consigue o no lo consigue, y ambos son igualmente ignominiosos.
  7. Khayyam, Omar (Nishapur, Persia, ~1040-1123)
    (Poeta, filósofo, científico, sibarita... / 'Rubaiyat'): ¿Por qué vendes tu vino, mercader? / ¿Qué pueden darte a cambio de tu vino? / ¿Dinero...? ¿ Y qué puede darte el dinero? / ¿Poder...? ¿Pues no eres dueño del mundo cuando tienes en tus manos una copa? / ¿Riqueza...? ¿Hay alguien más rico que tú, que en tu copa tienes oro, rubíes, perlas y sueños? / ¿Amor...? ¿No sientes arder la sangre en tus venas cuando la copa besa tus labios.
  8. Kiarostami, Abbas (Teherán, Irán, 1940)
    (Cineasta y poeta / 'En una gota de silencio'): 1) «Una embarazada / llora silenciosamente / en el lecho de un hombre dormido». 2) «Los girasoles / cabizbajos murmuran / en el quinto día nublado». 3) «Cansado en el camino un hombre / a sólo / una legua / de su destino».
  9. Kierkeggard, Sören (Copenhage, Dinamarca, 1813-1855)
    (Filósofo): Mi plan consiste en demostrar lo difícil que es ser cristiano en una sociedad supuestamente cristiana.
  10. Kis, Danilo (Serbia 1935 -Francia 1889)
    (Escritor): La realidad es aquello que no se ve a simple vista.

REFLEXIÓN 2

MÚSICA y SONIDO según LACHENMANN

Helmut Lachenmann

Entrevista de Jesús Ruiz Montilla
Parte II de II

Comentarios de Xoán A. Leiceaga Baltar

En la edición de 9 de octubre de 2010 de Babelia —suplemento sabatino del diario El País— en su sección ‘MÚSICA / Entrevista’, se publica la que hizo el periodista y crítico Jesús Ruiz Montilla al músico Helmut Lachenmann (Stuttgart, 1935), justo antes de un concierto en el Auditorio Nacional (España) en el cual se interpreta su obra Ausklang. El caso es que la entrevista me ha parecido de sobra interesante como para incluirla en el apartado Reflexión de mi página web; y, como viene siendo habitual en mí, no he resistido la tentación de incluir unos cuantos comentarios, pensados más como pretexto para llenar mi página que como singular aportación. La entrevista tenía demasiados elementos de interés como para dejar pasar la oportunidad: las opiniones del músico sobre la evolución de la música, su prestigio internacional, la consistencia de las preguntas y respuestas y, en especial, la posibilidad de trasladar el contenido al entorno de la poesía.

JRM-7: Pero no era nuevo. ¿Qué si no es la instrumentación? Cada vez, lo que conocemos como instrumentación es parte esencial de la composición. Es decir, las herramientas que hacen que el sonido represente algo, interprete algo, reproduzca algo. Una expresión. Energías psíquicas, dice Lachenmann. Cosas sencillas. Hasta para nombrarlas. Por eso él titula muchas de sus obras Aire, Presión, Respiración.

XL-7: Espero que no se me entienda mal o que se entienda simplemente que soy impura contradicción; es decir, vaya por delante mi respeto a HL, cuyo discurso me parece tan honrado como interesante. Pero el caso es que desde el terreno en el que me gusta moverme, el de las palabras que representan algo nuboso pero concreto, que buscan interpretar algo ambiguo pero asimismo concreto, que reproducen deseos y significados concretos de nuestro subconsciente inconcreto, ansío de manera natural, sin más intermediarios que el artista (en este caso músico) y sus instrumentos, algo que no represente nada, que no interprete nada, que no reproduzca nada; nada más que la belleza desprovista de significados concretos —lo bello y lo sublime, Kant inolvidable—. Aún así, el discurso de HL me parece tan interesante que me gustaría entrar ahí, aunque sea por un tiempo, aunque sea parcialmente. Habrá que intentarlo. Entre otras razones, porque también el aire, la presión y la respiración son patrimonio de la poesía.

JRM-8: Toda esa búsqueda de lo alejado de la épica llegó a irritar mucho a ciertos públicos. En los sesenta y los setenta, su obra representó para algunos un escándalo, lo que no ha sido nunca nuevo. Es lo que ha ocurrido en la historia con todos los compositores que han pretendido romper barreras. Hoy, Lachenmann ve muy alejados sus años entregados a la música concreta: Aquellos paraísos que quisimos conquistar, de repente, se convirtieron en prisiones.

XL-8: No sé, pero creo que yo hablaría más bien de aquella época como "aquella actual época", y creo que más que de épica hablaría de legendaria y siempre gloriosa, porque es así cómo siento esa música que, sin comienzo claro para mí, llega intacta e incontestable hasta avanzado el siglo XIX y ni siquiera hoy deja de estar plenamente vigente. Pero, por el otro lado, también es cierto que la innovación es algo tan inevitable como natural, algo que ha ocurrido en la historia permanentemente en todas las artes, y que los mejores artistas, al igual que los mejores técnicos, han desarrollado queriéndolo o en algún caso sin pretenderlo, a lo largo de los siglos. Y ni en música ni en poesía hubiera podido ser de otro modo; otra cosa es la medida de la asunción por parte del público afectado: ¿por qué es menor el fervor del seguimiento en la música que en las otras artes? Sin embargo, ahora mismo, al releer la siguiente frase de HL, más inquietante que esa pregunta, a la que no soy capaz de responder con certezas que no hay, me desasosiega el propio Lachenmann: Aquellos paraísos que quisimos conquistar, de repente, se convirtieron en prisiones. ¿Qué significa, resignación o reconocimiento de un fracaso absoluto, o sólo del fracaso de una estrategia? Mi amor por la música antigua no puede ocultar mi convencimiento de un progreso o evolución necesaria de la música, como en el resto de las artes; progreso que debe ser lejano a la ruindad del comercio en estado puro, pero necesidad. ¿Será, acaso, que el imperio y sus mercados han considerado de mayor rentabilidad —a través de su conversión de todo en mercancía y espectáculo— el apoyo a la danza y a las artes plásticas que a la música culta moderna? ¿Será, acaso, que todo (o casi todo) el apoyo a la música se fue hacia la música aturdidora, el duro ruido comercial, y la otra abandonada a las élites culturales, las cuales tampoco han respondido sino con tibieza y duda? ¿Es una duda o una certeza la inquietante frase de Lachenmann? Y todavía quedaría tener en cuenta la competencia del jazz y de otros numerosos esfuerzos —muchos de ellos loables— de las culturas tradicionales (África, India, Latinoamérica,…), tal vez más fáciles de tragar por el gran público, con vistas al resurgimiento y modernización de sus músicas populares. Se me vuelve demasiado complejo esta maraña del campo musical, con su mezcolanza de arte y comercio, para este breve espacio disponible; complejidad que siento alejada del campo poético, seguramente porque este se encuentra flotando en su propia galaxia, como un iceberg, y casi completamente al margen de ese matrimonio espurio de arte-comercio. Dejémoslo, pues, así, con la poesía como el arte cuya esencia contamina (o contagia) a las demás artes y de forma muy especial a la música por su nivel de abstracción y la musicalidad de sus ritmos.

JRM-9: Su carrera siempre ha querido mantener un equilibrio. Entre las etiquetas que solían colgar los críticos, hubo un momento en que algunos compositores eran calificados como constructores de sonidos y otros como poetas del sonido. A él, aunque le han colocado insistentemente la segunda, le parecen bien las dos. No sé si Bach fue una cosa u otra. Para mí, componer es una aventura que te lleva a descubrir nuevos paisajes sonoros con sus propias leyes. Por eso, muchas veces me considero más un constructor que un poeta. Le gusta el control sobre lo que hace: Por eso no me siento cómodo cuando me llaman poeta del sonido, porque un poeta nunca controlará del todo lo que hace.

XL-9: Por su inutilidad como argumento y su frecuente mala intención, obviaré comentar lo referente a las etiquetas, que en la música como en las demás artes aparecen tantas veces de voces insidiosas, sean de unos artistas hacia otros o procedan de la academia y la crítica. Según el entrevistador, a HL le parecen bien las dos que le asignaron; a mí no me parece bien ninguna, ni esta ni otras, excepto en los casos que se use solo a modo de aproximación y sin más ánimo que el de hacerse entender, como es la de HL acerca de Bach. Así, mi interés se vuelca en las opiniones de Lachenmann; ahora en esta: …componer es una aventura que te lleva a descubrir nuevos paisajes sonoros con sus propias leyes con la que estoy completamente de acuerdo y que yo me atrevería a calificar de muy profunda y aplicable a cualquiera de las artes, incluida la poesía claro está. Mi propia experiencia me lo avala, porque aventura es, aunque no sepa cuánto de arriesgada, llenar la hoja en blanco de paisajes no estrictamente sonoros, aunque puedan ir acompañados de sonoridad en la lectura. También puedo entender a HL cuando rechaza ligeramente el concepto de poeta y dice preferir el calificativo de constructor, porque eso dice mucho de su modestia, cualidad que me satisface encontrar en los artistas y que es habitual entre los más grandes; pero no puedo entender, en cambio, el rechazo contundente ni el argumento que utiliza para ello. ¿Qué quiere decir eso de que un poeta nunca controlará del todo lo que hace?. Tengo que pensar que se trata de un malentendido o una errata del entrevistador, motivada tal vez por su necesidad de cortar y pegar, de abreviar y simplificar para que el texto quepa en el lugar destinado, siempre escaso. Y lo digo porque no doy con la respuesta a ¿qué es lo que el poeta no controla de su obra y el músico en cambio sí? Si un poeta, como artista más alejado del mercado, con escaso público aun los que tienen lectores fieles, como alguien a quien no le suelen hacer encargos de alta economía, con pleno dominio de sus simples herramientas (papel, pluma y mente), ¿qué es lo que no controla y, en cambio, el músico sí? En fin, dejémoslo en el misterio de las entrevistas lejanas; me limitaré a ilustrar mi desconcierto, transcribiendo la parte inicial del poema Profunda fe religiosa, por tanto no mío sino de William Carlos Williams (New Jersey, EE.UU, 1883-1963), de su último libro Música del desierto y me preguntaré de nuevo que es lo que WCW no controla, sabiendo ya que la poesía nos hace apreciar la pintura y la música:

Si no nos lleva / más allá de la muerte, / más allá de los días de la lluvia, de la distracción de las plateadas cardaminas; / más allá de sus propias remotas / fronteras
// la poesía / es inútil. / Con todo, / ella fue la que hizo que El Greco / pintara sus verdes y deformes santos / y viviera / pobremente. / Nos hace apreciar / la música / y lo antiguo / o sentarnos al costado / del amigo que agoniza
.

JRM-10: El público deberá juzgar qué rasgo de los dos se impone en Ausklang, que interpretará la Orquesta Nacional de España. Lo que traté de reflejar en esta obra fue el efecto de un medio mágico trasladable a cada situación. Me encanta el título que Morton Feldman dio a una de sus piezas: 'La viola en mi vida'. Para mí, Ausklang podría llamarse también 'El concierto de piano en mi vida'. El instrumento rey es la base de esta obra. Pero para trascenderlo. Este mueble que conocemos como piano, como yo no lo inventé, debo utilizarlo para que en la obra se convierta en otra cosa, igual que el piano en Schumann no tiene nada que ver con el piano de Chopin o Debussy. Ambición y trascendencia. Yo no quería expresar algo, quería crear otro mundo.

XL-10: Ambición y trascendencia, sí; creo que todos los artistas honestos como tales en su campo, intentan (intentamos, aunque sólo los grandes lo logran a menudo) la trascendencia desde la ambición profesional; intentos que se repiten con cada comienzo de una nueva obra. Lachenmann busca trascender el instrumento al que llama rey; por mi parte, yo no creo que ninguno sea el rey, todos son reyes, todos son del mismo tamaño. Para Feldman pudo haber sido la viola (al menos en aquel momento) y para otros lo será el violonchelo, o el órgano, o el arpa. Pero no importa, lo esencial es la búsqueda incesante de la trascendencia, la creación de otro mundo cada vez; el poeta lo hace también con su instrumento básico, la palabra. El planteamiento es igual en cada una de las artes, sean las que tienen cuerpo material y por ello ocupan espacio: arquitectura, escultura o pintura, pues los colores y las formas se construyen al margen de cualquier duración. O sean las que, desprovistas de cuerpo implican un movimiento y se desarrollan en el tiempo: música o literatura, pues los recitales compuestos de sonidos, melodías, frases y ritmos necesitan recorrer un tiempo. O sean las que necesitan cuerpo y movimiento en el tiempo para ser interpretadas: danza, teatro. En el libro citado de E. Zuleta, he encontrado la siguiente referencia de Kant: "Un cuadro (espacio) crea dentro de nosotros otro espacio (espacialidad) de la misma forma que una sinfonía creo dentro de nosotros otra temporalidad; en la música culta el tema domina sobre el ritmo, y en la popular es al contrario". Sé que es opinión controvertida, pero creo que en la poesía sucede como en la música culta, el tema (significado) domina sobre el ritmo, a pesar de que la creación de la belleza no deriva solo de la palabra sino también de la forma.

JRM-11: ¿No es eso y no otra cosa lo que ha movido a los grandes iconoclastas del sonido? Por eso Lachenmann ha tenido muy presente siempre los estragos y las maravillas de la Escuela de Viena. Pretendían reinventar la idea de la música en cada pieza. No solo pretendían inventar nuevos sonidos. Eso no deja de ser un pasatiempo botánico, el reto está en redefinir todo el concepto musical cada vez que te enfrentas a una nueva creación y eso nos llevará a encontrar sonidos que nunca habíamos escuchado. Es lo que hicieron Schoenberg, Webern, más tarde Boulez y también Feldman, Luigi Nono, Stockhausen, Cage”.

XL-11: Esta reafirmación consigue dos cosas, para mí importantes: a) pulverizar la inquietud anterior por aquella frase de desánimo de HL ante la evolución de la música; b) despertar un principio de interés hacia esa música que se me viene resistiendo a pesar de que mi pena va por delante. Sin embargo conseguiría otra, menos favorable en mi oronda opinión, si lo que ha dicho fuese que la esencia de la música sea crear o reproducir sonidos que nunca habíamos escuchado; de la misma manera que crear palabras nuevas no es el objeto específico de la poesía moderna. Pero no es eso, fijémonos bien que habla de reinventar la música en cada pieza (elimino conscientemente la idea de aunque también pueda ser, pero no primordialmente), que sería como referirse a la idea de la poesía, en vez de a la poesía, pues no acabo de encontrarle demasiado sentido a renovar la idea de la poesía. Pero lo que encuentro importante, fijémonos, es redefinir todo el concepto musical y eso nos llevará a encontrar sonidos que nunca habíamos escuchado, todo lo cual me parece casi perfecto, porque igualmente podríamos decir acerca de la evolución de cualquier arte y en concreto de la poesía; sería semejante a decir reinventar la poesía en cada poemario o poema y, entre otras cosas, eso nos llevará a encontrar nuevas figuras y versos que nunca habíamos utilizado; es suma, a bucear en busca de nuevas fórmulas de acercamiento a la esencia de la música o de la poesía. Y creo que esto es lo que realmente es innovación y lo que se hace en la evolución de cualquier expresión artística.

JRM-12: Pero ese ánimo, explica Lachenmann, también estuvo presente en los grandes desde Bach. Cuando él creó una nueva armonía para los viejos coros luteranos y casi lo llevan a la hoguera.... Otros como Mozart tomaron bien el testigo. Él con la sinfonía Júpiter o Beethoven con la Heroica, pero también Wagner, todos utilizaron armonías propias para cada contexto y de ahí saltaba lo nuevo, lo desconocido.

XL-12: —> Efectivamente, desde Bach y desde antes y a partir de, aunque dado mi fervor por Bach no puedo menos de congraciarme definitivamente con HL por haberlo marcado como clave en la evolución de la música que se conoce como clásica. Ese episodio de Bach con el riesgo de la hoguera, no es ni más ni menos que lo que ocurre siempre que un artista (pintor, músico, poeta…) innova tan intensamente que se sale de lo que los poderes están dispuestos a consentir. El público en general es (no está, sino es) manipulable y temeroso y el poder, sea político, militar o religioso, o académico, es cruel e inescrupuloso. Afortunadamente siempre hay otros, como Mozart, que toman el testigo.

Y, solo para mi caso particular, me imagino que algo indica eso de mi falta de formación musical y de oído fino, lo que no deja de preocuparme, porque inevitablemente (intuyo con baja incertidumbre) influyen en la escasa musicalidad de mis poemas (y lamento). Desde el primer momento me llamó la atención este texto de Marguerite Yourcenar (Bruselas, Bélgica, 1903-1987): La tarea del escritor es un arte, o mejor una artesanía, a la tercera o a la cuarta revisión, armada con un lápiz, releo mi texto, ya más o menos limpio, y suprimo todo aquello que me parece inútil. Y ahí es donde triunfo. Lo asumo porque también es mi caso y, probablemente, la explicación de que mis escasísimas aptitudes musicales sean la causa de tantas vueltas y revueltas y de que, ni así, jamás termine del todo satisfecho con uno solo de mis versos o poemas.

(Fin de parte II)

Xoán A. Leiceaga Baltar, Marzo de 2011