Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

REFLEXIÓN

Esta sección se me ocurrió para poder disponer de un espacio complementario a OBRA y CALA pero más flexible — abierto a los lectores, p.ej.—, aunque siempre orientado a «la poesía y lo poético», y, más en concreto, a aspectos como su sentido, la valoración de su calidad, las aproximaciones a poetas y poemas y a un amplio continuo de buenas ideas (entrevistas, ensayos sobre las diferentes manifestaciones artísticas, etc.). Se debe entender que, naturalmente, los conceptos de poesía y poeta son para mí hermanos de magia del arte y el artista y por ello tienen cómoda acogida en REFLEXIÓN, que este mes reinicia el abecedario.

[Ver más en VIDA y SAL / SALudo]

Reflexión 1

Abecedario de escritores – Letra C

  1. Celine (Destouches), Louis Ferdinand (Escritor) (Paris, Francia, 1894-1961)
    1) ('Viaje al fin de la noche'): «Os lo aseguro, buenas y pobres gentes, ingenuos, infelices, baqueteados por la vida, desollados, siempre empapados de sudor. Os aviso, cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón... Es la señal».
  2. Cernuda, Luis (Poeta) (Sevilla, 1902-1963)
    1) ('Desolación de la quimera'): «¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? / Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable / para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella...».
  3. Chamfort, Sebastien de (Escritor) (Clermont-Ferrand, Francia, 1741-1794)
    1) (Máxima): «La falsa modestia es la más decente de todas las mentiras».
    2) (Máxima): «Es preciso elegir entre amar a las mujeres o conocerlas; no hay otro medio».
  4. Chaplin, Charles S. (Cineasta) (Londres, UK, 1889-1977)
    1) ('Monsieur Verdoux'): «Un asesinato te convierte en un bandido; millones de ellos en un héroe. La cantidad santifica».
  5. Char, René (Poeta) (Vaucluse, Francia, 1907-1988)
    1) «Entre el mundo de la realidad y yo, hoy no queda ya espesor triste».
    2) «El poema, elevándose desde el pozo de barro y estrellas, dará testimonio casi en silencio de que no había nada en él que no existiera verdaderamente en otra parte, en ese rebelde y solitario mundo de las contradicciones».
  6. Chaurasia, Hariprasad (Músico) (Uttar Pradesh, India, 1938)
    1) «La música es mi gran amor, por ello se ha convertido en mi religión. Cuando toco no lo hago para el público, toco para ese poder superior que está entre el público y yo. Tocar es mi mejor yoga, mi mejor meditación, mi mejor plegaria».
  7. Chéjov, Anton (Escritor) (Taganrog, Mar de Azov, Rusia, 1860-1904)
    1) ('El jardín de los cerezos' / Lopajín, el nuevo rico): «He cumplido mi más profundo deseo: poseer la finca más hermosa del mundo... ya pueden em-pezar a cortar los cerezos... ¡Ahora todo se hará como yo diga!».
  8. Chesterton, Gilbert K. (Escritor) (Londres, UK, 1874-1936)
    1) (Frase): «El género humano, al que muchos de mis lectores pertenecen...».
    2) (Frase): «La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno».
  9. Ch'ing Chao, Li (Poeta) (Shandong, China, ~1084-1142)
    1) (Poema 'Corto una rama de ciruelo en flor'): «Nada puede hacerla esfumarse / y desaparecer. En un momento, la siento / en las cejas. En el siguiente, / se vuelve un peso atroz en el corazón».
  10. Chirinos, Eduardo (Poeta) (Lima, Perú, 1960)
    1) (Libro 'Escrito en Misoula'): «... llora desolada la quimera».
    2) ('Id.'): «Las palabras están allí debajo. / Sólo esperan que la nieve se derrita».

Reflexión 2

ABECÉ de MUJERES POETAS – Letra C

Rosalía de Castro

ROSALÍA DE CASTRO - Vida y poemas

(Santiago de Compostela, 1837–Padrón, 1885)

Reflexión 2

Con la primera versión de la sección Reflexión-2, continente y contenido, he procurado ser prudente — limitadamente, pues en poesía no veo adecuados los excesos de prudencia—, para evitar desorientar a los improbables lectores con cambios muy seguidos o bruscos. Así, estuve una buena temporada trabajando sobre entrevistas que me llamaban la atención entre personajes de la poesía o del arte en general; después me surgió una especie de euforia —nada repentina, por cierto— por el maestro poeta Gamoneda, al cual dediqué un gustoso esfuerzo (desentonando lo menos posible de su sabiduría) al respecto de su sublime poema largo Descripción de la mentira. Y ahí sigue estando la doble colección completa bajo el botón pulsable de Ir a reflexiones anteriores.

Creo, ahora, que ya es el momento de hacer un nuevo derrotero, esta vez de más larga duración —si mi cuerpo aguanta—, y siguiendo una vía semejante a la que viene indicando la sección Reflexión-1, la del abecedario. Por otro lado, mi corazoncito me viene reclamando hace tiempo una complementaria dedicación a la mujer —la mujer poeta— que ayude a suavizar los abundantes defectos históricos y, a la vez, me sirva para reconocerles su general valía y sus aportaciones en este campo de la creación; y, naturalmente, sirva de agradecimiento especial a mis lectoras, que asombrosamente son más de una.

Esa es la razón de que el 1 de julio de 2012 haya iniciado, como Reflexión-2, el ABECÉ de Mujeres Poetas que espero completar de A a Z, siendo mía la selección de los textos. Para cada letra iré buscando lo que entienda más oportuno y posible; después de Anna Ajmátova y Gioconda Belli, espero que Rosalía de Castro se vea buena opción. Es la gran poeta de mi tierra, gallega, el mito, de cuya calidad y fuerza rompedora, por atrevida e innovadora, no surgen dudas. Entre lo que dispongo de su obra en español, he elegido una docena de poemas y espero haber acertado.(La razón del idioma es obvia, aunque un día no lejano espero ofrecer poemas en gallego, de ella y míos)

Fuente: Internet (esp. «www.rosaliadecastro.org», «http://www.poesi.as/Rosalia_de_Castro.htm»)
Selección y comentarios: Xoán A. Leiceaga Baltar

Vida de Rosalía de Castro

Rosalía de Castro, poetisa y novelista gallega, escribió en gallego y en español y es considerada en la actualidad como un ente indispensable en el panorama literario del siglo XIX, representa junto con Eduardo Pondal y Curros Enríquez una de las figuras emblemáticas del Rexurdimento galego, no sólo por su aportación literaria en general y por el hecho de que sus Cantares Gallegos sean entendidos como la primera gran obra de la literatura gallega contemporánea, sino por el proceso de sacralización al que fue sometida y que acabó por convertirla en encarnación y símbolo del pueblo gallego. Además, es considerada, junto con Gustavo Adolfo Bécquer, como la precursora de la poesía española moderna. Su figura y sus creaciones literarias continúan siendo objeto de copiosa bibliografía y atención crítica, tanto en el territorio español como en el extranjero; en las últimas décadas sus poemas han sido traducidos a idiomas de prestigio tales como el francés, el alemán, el ruso y el japonés.

Escribir en gallego en el siglo XIX, es decir, en la época en la que vivió Rosalía, no resultaba nada fácil por un gran número de razones, la mayor parte de ellas ligadas a la estructuración de la sociedad del momento; y más difícil todavía por su condición de mujer. La lengua gallega había quedado reducida a un mero dialecto, tan despreciado como desprestigiado, mostrándose cada vez más distante la época en la que había sido el idioma vehicular de la creación de lírica galaicoportuguesa (en forma de galaicoportugués). La tradición escrita había sido perdida, por lo que era preciso comenzar desde cero y en contra del poder establecido, rompiendo con el sentimiento de desprecio e indiferencia hacia la lengua gallega. Con el castellano como lengua de cultura, Rosalía de Castro se enfrentó con el ambiente, de manera especial con sus tres obras más famosas, Cantares Gallegos, Follas Novas y En las orillas del Sar.

Obra publicada de Rosalía de Castro

El reconocimiento y apoyo a la publicación de la obra de Rosalía por parte de su esposo Manuel Murguía, fue decisivo para las primeras ediciones. En 1884 se publica en Madrid En las orillas del Sar, Poesías, libro que se reedita al menos en 1909, 1941, 1944, 1964 y 1973. Sus Obras Completas tienen ediciones relevantes de 1909 y 1944. Y es ingente el paquete de publicaciones sobre Rosalía.

Doce poemas en español de Rosalía de Castro

A sus plantas se agitan los hombres

A sus plantas se agitan los hombres,
como el salvaje hormiguero
en cualquier rincón oculto
de un camino olvidado y desierto.
¡Cuál le irritan sus gritos de júbilo,
sus risas y sus acentos,
gratos como la esperanza,
como la dicha soberbios!

Todos alegres se miran,
se tropiezan, y en revuelto
torbellino van y vienen
a la luz de un sol espléndido,
del cual tiene que ocultarse,
roto, miserable, hambriento.

¡Ah!, si él fuera la nube plomiza
que lleva el rayo en su seno,
apagara la antorcha celeste
con sus enlutados velos,
y llenara de sombras el mundo
cual lo están sus pensamientos.

Alma que vas huyendo de ti misma

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

Candente está la atmósfera

Candente está la atmósfera;
explora el zorro la desierta vía;
insalubre se torna
del limpio arroyo el agua cristalina,
y el pino aguarda inmóvil
los besos inconstantes de la brisa.

Imponente silencio
agobia la campiña;
sólo el zumbido del insecto se oye
en las extensas y húmedas umbrías,
monótono y constante
como el sordo estertor de la agonía.

Bien pudiera llamarse, en el estío,
la hora del mediodía,
noche en que al hombre, de luchar cansado,
más que nunca le irritan
de la materia la imponente fuerza
y del alma las ansias infinitas.

Volved, ¡oh, noches del invierno frío,
nuestras viejas amantes de otros días!
Tornad con vuestros hielos y crudezas
a refrescar la sangre enardecida
por el estío insoportable y triste...
¡Triste... lleno de pámpanos y espigas!

Frío y calor, otoño o primavera,
¿dónde..., dónde se encuentra la alegría?
Hermosas son las estaciones todas
para el mortal que en sí guarda la dicha;
mas para el alma desolada y huérfana
no hay estación risueña ni propicia.

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando

Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

En sus ojos rasgados y azules

En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra
de todos los males.

En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,
risueños, fugaces...
cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis!

Las campanas

Yo las amo, yo las oigo
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van repitiéndose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!,
¡qué silencio en las iglesias!,
¡qué extrañeza entre los muertos!

No subas tan alto, pensamiento loco

No subas tan alto, pensamiento loco,
que el que más alto sube más hondo cae,
ni puede el alma gozar del cielo
mientras que vive envuelta en la carne.

Por eso las grandes dichas de la tierra
tienen siempre por término grandes catástrofes.

Sedientas las arenas, en la playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe...? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo

I

tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto.

Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente,
cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre.

Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los espacios,
y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo blanco.

II

No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
su eterna sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
cuanto más bebe, a beber más.

No murmuréis del que rendido ya bajo el peso de la vida
quiere vivir y aun quiere amar;
la sed del beodo es insaciable, y la del alma lo es aún más.

III

Cuando todos los velos se han descorrido
y ya no hay nada oculto para los ojos,
ni ninguna hermosura nos causa antojos,
ni recordar sabemos que hemos querido,
aún en lo más profundo del pecho helado,
como entre las cenizas la chispa ardiente,
con sus puras sonrisas de adolescente,
vive oculto el fantasma del bien soñado.

—Te amo... ¿por qué me odias?

—Te amo... ¿por qué me odias?
—Te odio... ¿por qué me amas?
Secreto es éste el más triste
y misterioso del alma.

Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
—Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.

Una sombra tristísima, indefinible y vaga

Una sombra tristísima, indefinible y vaga
como lo incierto, siempre ante mis ojos va
tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,
corriendo sin cesar.
Ignoro su destino... mas no sé por qué temo
al ver su ansia mortal,
que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.

¡Volved!

I

Bien sabe Dios que siempre me arrancan tristes lágrimas
aquellos que nos dejan,
pero aún más me lastiman y me llenan de luto
los que a volver se niegan.
¡Partid, y Dios os guíe!..., pobres desheredados,
para quienes no hay sitio en la hostigada tierra;
partid llenos de aliento en pos de otro horizonte,
pero... volved más tarde al viejo hogar que os llama.

Jamás del extranjero el pobre cuerpo inerte,
como en la propia tierra en la ajena descansa.

II

Volved, que os aseguro
que al pie de cada arroyo y cada fuente
de linfa trasparente
donde se reflejó vuestro semblante,
y en cada viejo muro
que os prestó sombra cuando niños erais
y jugabais inquietos,
y que escuchó más tarde los secretos
del que ya adolescente
o mozo enamorado,
en el soto, en el monte y en el prado,
dondequiera que un día
os guió el pie ligero...,
yo os lo digo y os juro
que hay genios misteriosos
que os llaman tan sentidos y amorosos
y con tan hondo y dolorido acento,
que hacen más triste el suspirar del viento
cuando en las noches del invierno duro
de vuestro hogar, que entristeció el ausente,
discurren por los ámbitos medrosos,
y en las eras sollozan silenciosos,
y van del monte al río
llenos de luto y siempre murmurando:
«¡Partieron...! ¿Hasta cuándo?
¡Qué soledad! ¿No volverán, Dios mío?»
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Tornó la golondrina al viejo nido,
y al ver los muros y el hogar desierto,
preguntóle a la brisa: —¿Es que se han muerto?
Y ella en silencio respondió: —¡Se han ido
como el barco perdido
que para siempre ha abandonado el puerto!

FIN de los poemas de Rosalía de Castro

Xoán A. Leiceaga Baltar, Setiembre de 2012