Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

REFLEXIÓN

Esta sección se me ocurrió con objeto de disponer de un espacio suplementario a OBRA pero más flexible, más abierto — al lector, sobre todo—, aunque siempre orientado a «la poesía y lo poético», y, más preciso, a aspectos como su sentido, la valoración de su calidad, la aproximación a otros poetas y poemas y a un amplio continuo de ideas y prácticas, además de reflexiones stricto sensu (homenaje o muestra de poetas bastante, apenas o nada conocidos u olvidados, entrevistas y ensayos sobre otras manifestaciones artísticas, recordatorios de poemas, frases o versos notables, etc.). Se debe entender que, naturalmente, los conceptos de poesía y poeta son para mí hermanos de magia o mago acerca del arte y el artista, y por ello tienen cómoda acogida en REFLEXIÓN.

[Ver más en VIDA y SAL / SALudo]

Reflexión 1

Abecedario de escritores – Letra S-3

Este mes, teniendo en cuenta los merecimientos, físicos y químicos, de la poeta Wislawa Szymborksa (Kórnik, Polonia, 1923-2012), su duro itinerario, su alegría y, en especial, su elegante y rigurosa poética, he decidido insistir en la letra actual, pues con la poeta al final de la S sería insensato desperdiciar la oportunidad de dedicarle un suficiente espacio. Dado, por otro lado, lo sugerente de su , en lugar de extenderme en su biografía (ver en Reflexión 2) o recurrir a su fragante jardín de sentencias y otras frases, he estimado oportuno destacar una docena de fragmentos de dicho discurso, que es casi todo y haciendo lo posible para conservar la integridad:

  1. «En un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... y debo hablar sobre poesía. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.»
  2. «El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso —o más bien principalmente— de sí mismo. Con desgana confiesa públicamente que es poeta, como si se tratara de algo vergonzoso. Profesor de Filosofía, por ejemplo, ya suena mucho más serio.»
  3. «No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente esta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, más tarde galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como “parásito'', por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta.»
  4. «Los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada, o casi, en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco aún, a los poetas les gustaba escandalizar con un comportamiento excéntrico. Aquellos apenas eran espectáculos para el público, ya que siempre llegaba el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo, frente a una hoja en blanco, lo único que importa.»
  5. «Continuamente se filman hoy películas sobre grandes científicos y artistas, con aceptables resultados. El peor de los casos es el de los poetas, pues su trabajo resulta poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?»
  6. «A la pregunta de qué cosa es la inspiración, suponiendo que algo sea, los poetas responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interno; no, se debe a otra causa, que no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien. Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo siempre, personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración: los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor; el trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez, sin que importen los esfuerzos y fracasos. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo ‘‘no lo sé''.»
  7. «A los verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Ellos sí ‘‘saben'', saben lo que aprendieron una sola vez y les basta para siempre. Cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas, muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida; y, en casos extremos, resulta amenazador o mortal para las sociedades.»
  8. «Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ‘‘no sé''. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Mi compatriota María Sklodowska—Curie dijo ‘‘no sé'' y siguió repitiéndose ‘‘no sé'' toda la vida; y, justo estas dos palabras, la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel.»
  9. «También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente ‘‘no sé''. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez…»
  10. «A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad de platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Lo habría cogido de la mano: ‘‘Nada hay nuevo bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. En otro poema concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás ‘‘ya he escrito todo, no tengo nada que añadir''. Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como Tú.»
  11. «El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de humanos, animales y tal vez plantas; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero vigencia ridículamente corta; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: ¡es asombroso!»
  12. «En la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo. ¡Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo!»

Reflexión 2

ABECÉ de MUJERES POETAS – Letra S-3

Wislawa Szymborska.jpg

WISLAWA SZYMBORSKA - Vida y poemas

(Kórnik, Polonia, 1923-2012)

Reflexión 2

Con la primera versión de la sección Reflexión-2, continente y contenido, he procurado ser tímido —ineficaz es el exceso— para evitar desorientar a los improbables lectores con lo inestable o lo brusco. Así, estuve una buena temporada trabajando sobre entrevistas que llamaban mi atención entre personajes de la poesía o del arte en general; después fue surgiendo una euforia tranquila hacia el maestro poeta Gamoneda, al cual dediqué un gustoso esfuerzo, en concreto de su sublime y largo poema Descripción de la mentira. Y ahí sigue estando, como todo lo demás, bajo la doble colección de ya más de un mes de meses bajo el botón pulsable de Ir a reflexiones anteriores.

Mediado 2012, creí que era el momento de un nuevo derrotero, esta vez de más larga duración —contanto que el cuerpo aguante— y siguiendo una vía semejante a la que viene indicando la sección Reflexión-1, la del abecedario. Por otro lado, mi corazoncito me venía reclamando hacía tiempo una complementaria dedicación a la mujer —la mujer poeta— que ayude a suavizar el abundante defecto histórico y, a la vez, me sirva para reconocerle su general valía y sus aportaciones en este campo de la creación. Y, naturalmente, sirva de agradecimiento especial a mis lectoras, que asombrosamente son más de una.

Esa es la razón de que el 1 de julio de 2012 haya iniciado, como Reflexión-2 el ABECÉ de Mujeres Poetas, que espero completar de la A a la Z, desde mi selección posible de autoras y textos. Para cada letra iré buscando lo que entienda más oportuno y accesible, desde la primera, Anna Ajmátova, y las sucesivas (ver Ir a reflexiones anteriores). Espero que la actual elección resulte óptima (mi preferencia es elegir poetas en español, pero algunas letras se resisten y además, más de una vez, me vencen las devociones).

Fuentes: Páginas varias de internet, entre ellas:
«http://cultura.elpais.com/cultura / 2012/02/01/»
«http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/szymborska.htm»
«http://sergiomansilla.com/revista/aula/lecturas/articulo_95.shtml»
«http://registropersonal.nexos.com.mx/?p=2864»
«http://circulodepoesia.com/nueva/2012/07/7-poemas-de-wislawa-szymborska/»
Selección y comentarios: Xoán A. Leiceaga Baltar

Vida de Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska, nació el 2 de julio de 1923 en Bnin (Kórnik), cerca de Poznan, pero desde los 8 años su vida transcurrió en Cracovia; allí pasó sus últimos años, recluida en un piso sin lujo y con aires de vivienda de protección oficial, en el cual recibía a sus amigos, a sus devotos y a periodistas a los que ella preguntaba; decía que era para evitar excesos de seriedad. Después de terminar la educación secundaria, trabajó en los ferrocarriles y, más tarde, ingresó en la Universidad Jagellónica para estudiar Lengua y Literatura Polaca y Sociología, que no concluyó por problemas económicos.

El inicio de su itinerario creativo se produjo bajo las normas estilísticas del realismo socialista imperante y denota tanto el estremecimiento por los crímenes de la guerra reciente como su identificación con los sufrimientos del pueblo polaco y su esfuerzo por superarlos. En esa estela, aunque ya anunciando algunas de las características de su obra posterior, sobresale la ironía para abordar poéticamente los dilemas filosóficos que la inquietan —escribió Preguntas hechas a una misma (1954)— y, así, con su Llamada al Yeti (1957) llegó al repudio de sus dos primeros libros, precisamente los dos anteriores a 1957, por demasiado apegados al realismo socialista.

A partir de esa fecha y hasta 2009, estuvo presente con su propia voz. En los últimos años, autorizó la traducción de las agudas e irónicas notas que fue publicando durante 30 años en la prensa polaca, sobre lo divino y lo humano, pues un día hablaba del Mío Cid y otro de un libro de jardinería, y a las que nunca consideró prosa seria. Era profesional de la duda y, como tal, una de sus expresiones favoritas era “no sé”, algo que no se alejaba mucho de una madura sentencia suya: «Solo las preguntas un poco ingenuas son verdaderamente profundas». A lo largo de su vida recibió una serie de premios literarios de interés, entre ellos el Nobel de Literatura en 1996.

Obra principal en polaco de W. Szymborska

Dlatego żyjemy (Por eso vivimos, 1952)
Pytania zadawane sobie (Preguntas a mí misma, 1954)
Wołanie do Yeti (Llamando al Yeti, 1957)
Sól (Sal, 1962)
Sto pociech (Mil alegrías, un encanto, 1967)
Wszelki wypadek (Si acaso, 1975)
Ludzie na moście (Gente en el puente, 1986)
Koniec i początek (Fin y principio, 1993)
Widok z ziarnkiem piasku (De la muerte sin exagerar, 1996)

Obra editada en español de W. Szymborska

Paisaje con grano de arena (Antología, Ed. Lumen, Barcelona, 1997)
El gran número. Fin y principio y otros poemas (Ed. Hiperión, Madrid, 1997)
Poesía no completa (Antología, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2002) Instante (Ed. Igitur, Tarragona, 2004)
Dos puntos (Ed. Igitur, Tarragona, 2007)
Lecturas no obligatorias (Ed. Alfabia, Barcelona, 2009)
El gran número (Ed. Hiperión, Madrid, 2008)
Amor feliz y otros poemas (Antología, Ed. Bid & Co. Murcia, 2010)
Aquí (Ed. Bartleby, Madrid, 2009)

DIEZ poemas de Wislawa Szymborska

Dos monos de Brueghel

Mi gran sueño de colegiala:
dos monos sentados
atados con la cadena;
afuera vuela el cielo,
se está bañando el mar.

Paso un examen
de historia de la humanidad.
Balbuceo y tropiezo.

Un mono me contempla y escucha
con ironía,
el otro semeja dormir;
pero cuando mi pregunta
se diluye en el silencio,
él me susurra algo
con un ruido suave de la cadena.

Elogio de la mala conciencia de uno mismo

El buitre no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.
El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo.

No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.

De cien kilos es el corazón de la orca,
pero no le pesa.

Nada más animal
que una conciencia limpia
en el tercer planeta del Sol.

En elogio de mi hermana

Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto se ponga a escribir poemas.
Le viene de mi madre, que no escribió poemas,
y de su padre, que tampoco escribió poemas.
Me siento a salvo bajo el techo de mi hermana:
nada pondrá al esposo de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque la cosa suena a poema de Adam Macedonski,
a ninguno de mis parientes le da por escribir poemas.

En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni poemas nuevos en su bolsa.
Y cuando mi hermana me invita a comer,
sé que no es con la intención de leerme poemas.
Cocina sopas soberbias con facilidad,
y su café no se derrama sobre manuscritos.

En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando no es así, rara vez es uno solo.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
lo cual instala temibles remolinos en las relaciones familiares.

Mi hermana cultiva una decente prosa hablada,
toda su producción literaria está en tarjetas postales
que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
nos va a contar todo,
todo,
todo.

Experimento

Antes de la película,
en la que los actores hicieron lo posible
para conmoverme e incluso hacerme reír,
proyectaron un curioso experimento
con una cabeza.

La cabeza
momentos antes aún pertenecía a…
ahora estaba cortada,
todo el mundo pudo ver que no había tronco.
Por la nuca colgaban las tuberías del aparato
gracias al que la sangre circulaba todavía.
La cabeza
se encontraba bien.

Sin señales de dolor, o siquiera de sorpresa,
seguía con la mirada el movimiento de la luz de una linterna.
Movía las orejas cuando sonaba un timbre.
con su nariz húmeda sabía distinguir
entre el olor a tocino y la inodora inexistencia,
y lamiéndose con evidente gusto
segregaba saliva en honor a la fisiología.

Fiel cabeza de perro,
bondadosa cabeza de perro,
cuando la acariciaban, entornaba los ojos
creyendo que era todavía parte de un todo
que encorvaba el lomo bajo una caricia
y meneaba la cola.

Pensé en la felicidad y sentí miedo.
Porque si sólo de eso se trataba en la vida,
la cabeza
era feliz.

La habitación del suicida

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver de lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

La mujer de Lot

Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de curiosidad pude tener otras razones.
Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.
Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera,
él no se detendría
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.
Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces se soltó el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás llena de rabia.
Para gozar plenamente su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo, arrastrándome y trepando
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.

Las cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora de y-si-detrás-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

Nada dos veces

Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá.
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repasaremos
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba
tu nombre en mi presencia,
como si de repente cayera
una rosa por la ventana abierta.

Hoy, cuando estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

¿Y por qué tú, mala hora,
te enredas en un miedo inútil?
Eres, pues estás pasando,
pasarás —es bello esto.

Sonrientes, abrazados,
intentemos encontrarnos,
aunque seamos distintos
como dos gotas de agua.

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

Utopía

Una isla donde todo se aclara.
Ahí se pisa la tierra firme de las pruebas.
Hay un solo camino, el de llegada.
Los arbustos encorvados se pliegan bajo el peso de las respuestas.
Ahí crece el árbol de la Hipótesis Adecuada
con las ramas desenredadas desde siempre.
El árbol de la Comprensión, deslumbrante, recto,
junto al manantial que susurra: “Es así.”
Más se interna en el bosque, más se abre el Valle de la Obviedad.
Si surge una duda, la desvanece el viento.
El eco, sin que nadie se lo pida, toma la palabra con ganas,
y aclara los misterios del mundo.
A la derecha, una cueva donde hay sentido.
A la izquierda, el Lago de la Profunda Convicción.
La verdad se desprende del fondo y ya flota en la superficie.
La Seguridad Intocable domina el Valle.
Desde su cumbre se contempla la esencia de las cosas.
A pesar de tantos atractivos la isla está despoblada,
y las pequeñas huellas de los pies, reconocibles
en la orilla,
se dirigen todas, sin excepción, al mar.
Como si sólo se hubieran ido desde allí
para volver a sumergirse, sin remedio,
en una vida inconcebible.

FIN de los poemas de Wislawa Szymborska

Xoán A. Leiceaga Baltar, abril de 2014