Xoán Leiceaga Baltar

POESÍA

REFLEXIÓN

Esta sección nació para disponer de un complemento a OBRA, más abierto y flexible, con el foco siempre en «lo poético»: el sentido, la calidad y, sbre todo la aproximación a poetas (muestras de poetas —famosos, o apenas o poco conocidos u olvidados—, poemas, frases o versos notables, entrevistas y ensayos, etc.). Se asume que la «poesía» es hermana de «alquimia y arte» y por ello estos tienen acogida en REFLEXIÓN.

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Poetas iberoamericanos

Viaje por ARGENTINA-2

1 - Julia Prilutzky Farny (Kiev, Ukrania, 1912-2002)

Está bien. Seré dulce y obediente

Está bien. Seré dulce y obediente
o lo pareceré. Te da lo mismo:
Necesita, de pronto, tu egoísmo
que yo me quede así, sumisamente,

sin sufrir, sin dolor, sin aliciente,
sin pasiones al borde del abismo,
sin mucha fe ni un gran escepticismo,
sin recordar la esclusa ni el torrente.

Necesitas las llamas sin el fuego,
que el fuego del amor no sea un juego
y que esté el rayo aquí, sin la tormenta.

Quieres que espere así, sin esperarte,
que te adore también sin adorarte
y estar clavado en mi, sin que te sienta.
Está bien. Seré dulce y obediente

Tal vez no sepas nunca cuándo y cómo

Tal vez no sepas nunca cuándo y cómo
quise salvar mi amor, tu amor. El nuestro.
Una vez será tarde.
Yo presiento
esa herida que avanza,
ese cierto dolor de no querernos.
Cómo decirte ahora:
mírame aún, así, trata de verme
como soy, duramente.
Con mi ternura. Claro, y mis tormentas.
Cómo decirte: sálvalo, si quieres
y cuídalo. Se te ha ido de las manos,
se me va de la sangre y no regresa.
Cómo decirte que te quiero menos
y que quiero quererte como entonces.
Y que entiendas
y no te encierres más.
Y me dejes creer en ti, de nuevo.
Cómo decirte nada.
Un día será tarde. Tarde y lejos.

Este sabor de lágrimas

Gris y más gris. No estás, y yo estoy triste
de una tristeza apenas explicable
con palabras, y de una imperturbable
soledad, que por ti nace y existe.
Siempre de gris, mi corazón se viste:
Polvo y humo, ceniza abominable
y la envolvente bruma irrenunciable
que estaba ayer. Y hoy. Y que persiste
gris a mí alrededor. Contra mi mano
la nube espesa se va abriendo en vano
porque el fuego que soy, no está encendido
y hay niebla en lo que miro y lo que toco.
Ah, yo no sé... Tal vez te odio un poco
porque está gris y llueve y no has venido.

Yo le diría, amor, yo le diría

Yo le diría, amor, yo le diría
que no esté tan seguro de su abrazo,
tan fuerte de mi pena,
tan firme de mi lágrima.
Yo le diría, amor, que no me duela
con la certeza de tenerme tanto
porque yo sé también cómo te pierdes
sin un reproche, sin una palabra,
a veces, casi, casi con dulzura
y de pronto, no estás. y no está nada.
Yo le diría, amor, yo le diría
que no se sienta fuerte de mi llanto,
que la pasión se hunde
como arena en el agua;
que tenga miedo, amor, como yo tengo
de la noche sin alba,
de las hojas que aún parecen vivas
y ya no tienen savia,
de ese momento cuando se atraviesa
el borde del espanto,
del despertar sin recordar siquiera,
del límite entre el muro y la esperanza.
Yo le diría
que llegará una tarde sin mañana,
la tarde en que la lluvia sólo es agua:
apenas una cosa entre las cosas.

Y tengo miedo, amor. Y estoy callada.

2 - Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, Suiza, 1892-1938)

Sábado

Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
y besé las plantas
absorbí los vahos limpios de la tierra,
tirada en la grama;
me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan. Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
fijos en la verja.
el reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos que aprestaban
manteles.
Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
fijos en la verja siguieron mis ojos,
fijos. Te esperaba.

Un sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
mudo se está a la espera del milagro,
he amado mucho, todo amor fue magro,
que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
pero yo espero algún amor natura
capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
y me haga brotar ramas sensitivas,
soy una selva de raíces vivas,
sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
de cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida.
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Versos otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas.

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas.

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundidad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo! ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

3 - Matilde Alba Swann (Buenos Aires, 1912-2000)

Bajo tu lástima

Quiero huir de tu lástima, y tropiezo
con mis zarzas de miedo
y con mi nido
de alegrías dormidas, y desgarro.

Has tendido
tu sonrisa en piedad a mi costado,
y te quedas
a mirarme ceder, sombra inclinada
como un tronco crujido
de castigos.

Tus dos brazos cruzados, y ya ajenos,
y una boca de beso
que se guarda.

Nunca me vi pequeña como ahora,
a los pies de tu altura
compasiva.

Nunca, como hoy, descalza
y azotada,
a un instante del nunca, irremediable.

Ya no vibra mi carne
en paraísos,
ni en infiernos, ni en manzanas, serpientes,
ni en exilios.

Una lacia
sensación de desgano que me arrastra,
un insomne desorden
de cabello, una pena tremenda de estar triste,
y un deseo
de morirme mañana,
antes que partas, y dejarte
sonreír de piedad sobre mi ausencia.

En este día de lluvia

Un gris limpio, monótono, inasible,
en este día de lluvia
y cielo enfermo,
el corazón del agua está soñando
con bandadas de pájaros
de vidrio,
y en la rama otoñal, junta la ausencia,
luces mojadas, y voces
de aluminio.
Hay como un gato gris
rondando en torno,
así de blando,
así
de ojo amarillo.
Es casi tarde, mi niñez descalza,
viene a buscarme por un largo río,
bajo un mar vertical
deshilachado,
y un silencio de océano dormido.
Salgo a su encuentro, quedo de su mano,
me desnudo en su piel, líquida cuna,
vuelvo a mi antiguo manantial,
deshago,
gota a gota, pausada, mansa,
muerta.
Bajo un llanto de techos castigados,
somnolientos, reencarno,
soy de lluvia.

Plenitud

Cúbreme con un abrazo de tierra y de gusanos.
Con un abrazo ancho
que me envuelva por todos mis costados.
Húndete en mi sangre, fúndete en mi carne,
hazte a mi piel, erízate conmigo,
extiéndete por todas las fibras de mi urdimbre,
y guárdate,
y quédate como el agua quieta debajo de los sauces.
Plenitud
abierta al cielo, al aire, a las estrellas.
Cúbreme con un abrazo de tierra y pasto tierno,
con toda la fuerza
de todos los minutos asfixiados en la pausa desierta,
de las horas vividas sin amor en esa feria,
de cosas que se compran, de cosas que se venden,
de cosas que se buscan, de cosas que se encuentran.
Y mírate en mí, dentro de mí, y quédate y bésame
como el agua besa y muerde y penetra
la ávida boca de la tierra seca, y bébeme, y sofoca
con tu boca entera,
mi aliento y mi latido y mi memoria.
Que ya no piense nada y que ya no recuerde,
y al fin que ya no sepa si eres tú quien me muerde,
si soy yo quien te besa.
Enróscame a tus brazos, rama verde, y tórnate gusano,
y devora hasta el final mi médula.
Devuélveme a la nada, a la quietud más quieta,
que la luz no me canse, que el viento no me mueva.
Haz un surco en tus venas y siémbrame en la hondura
de tu futura tierra.
Mis raíces prendidas a tu sangre beben tu ser,
y tus espigas se devoran mi hambre.
Filtrando por mi piel corre tu río
su frescura de paz bajo mi carne.

Verano

Hay arena y hay mar, y un horizonte
que podría tocarse
con las manos.
Un instante canícula, vacío,
pescadores tan solo
que adivino
más allá de envoltura,
sal y espuma.
Sin embargo, me circundan
palabras y señales.
Voy en busca de mí; partí hace tiempo,
soy apenas,
la pisada brumosa en la memoria
de un distante hacedor
alto, trazando
nuevos seres, y nuevas borraduras.
El sol viene a quererme;
siento, dentro,
ronronear mi pureza primitiva.
Cae el párpado denso...
Las palmeras
reiniciaron su juego para estar durmiendo.

3 - Paula Varela (Buenos Aires, 1975)

Conquista

Voy a conquistar el mundo
con mi minifalda,
podés venir conmigo
o apartarte
(me da risa la palabra “apartarse”
por eso la uso
para quitarle gravedad
a mi gran hazaña)
pero si venís conmigo
entonces voy a comprobar que es cierto
que no te asusta
mi lujuriosa inteligencia.

Detrás de esa ventana

Querés que no te pregunten
otra vez
las mismas cosas,
que no te ofrezcan siempre
beber del mismo licor,
necesitás que dejen de mirarte
como si fueras un lienzo
prisionero del tiempo,
o dejar de verlos a todos ellos
incapaces del cambio.

Pero, ¿qué pasa ahora afuera,
detrás de esa ventana?

Ni siquiera un rumor
vuelve idéntico en su eco.
La noche agita sus horas
con inmoralidad
y algunos minutos te salpican la cara,
te escupen los ojos
con su filo brillante,
con su ardor incisivo.

Lo único que querés
es que todos rían y duerman,
que todos rían y perdonen
de una vez por todas,
mientras vos te suturás los ojos
y las incertidumbres,
como si nada hubiera pasado
hasta hoy
como si la vida, mañana
pudiera realmente
comenzar otra vez.

Mientras espero

Mientras espero,
ese hombre sentado en la esquina oscura
se orina en sus pantalones azules de salir.

¿Qué más hacer?

No van a vencerme los olores asfixiantes
de esta noche afligida,
ni la televisión a todo volumen
de cada casa
en la que he entrado por error.

No podrá conmigo
la falta de espacio en mi cabeza
ni el tiempo apelmazado en las redes sociales
como un pastel de piel de asno
al que le faltó cocción.

¿Qué hacer?

Borrar los mensajes de texto
escritos en mayúsculas,
comprar la lupa con forma de tarjeta
y agarrar de los pelos a los niños
para que vuelvan a jugar al fútbol en la calle.

Lo voy a conseguir.

Aunque la humedad levante la alfombra
o descascare nuestras amorosas convicciones,
o aunque yo misma
me orine encima de este poema.

¿Qué importa?

A lo sumo las letras
van a quedar
levemente borroneadas.

Deberíamos irnos
inmediatamente de aquí
y celebrar un acto heroico
de esos que fueron olvidados
por la memoria de las ciudades
y que fingen la creación de la vida.
Uno de esos
en los que yo lloro como una idiota
y mi cuerpo tiembla
irracionalmente
envuelto en un calor furioso.

Poetas del mes

1 - Poeta Oliverio Girondo

Oliverio Girondo.jpg

Vida y Poemas

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1881 - 1967)

Notas de vida y obra

Oliverio Girondo vivió su infancia en Buenos Aires y más tarde viajó periódicamente a Europa. Se graduó en leyes, pero sus inquietudes artísticas lo alejaron de esa profesión. En Europa entró en contacto con movimientos como el cubismo y el dadaísmo, y buscó establecer relaciones con los movimientos innovadores de habla hispánica. En 1943 se casó con la escritora Norah Lange. Figura central de la renovación literaria de los años veinte y treinta, fue uno de los miembros de la vanguardia poética argentina, junto a Borges y González Tuñón. En él cobró surgió con especial potencia la necesidad de distanciarse de las convenciones del lenguaje, impuestas por el uso y asentadas en el público, para tratar de transmitir la esencialidad de la invención poética.

En sus libros Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), Calcomanías (1925) y Espantapájaros (1933) demostró su maestría en el manejo de la metáfora y de la imagen poética, en su camino hacia la esencia de las cosas. Más tarde publicó Plenilunio (1937), Persuasión de los días (1942) y Campo nuestro (1946); su última obra, En la masmédula (1954), es acaso la más audaz de todas por el caos verbal y alucinatorio que propone. En general, mantuvo su actitud de irreverencia moral y estética, su sentido del humor, su ironía y su visión desquiciadora del lugar común.

DIEZ poemas

Azotadme

Aquí estoy,
¡azotadme!
Merezco que me azoten.

No lamí la rompiente,
la sombra de las vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,
durante años;
descalzo,
estremecido,
absorto, iluminado.

No me postré ante el barro,
ante el misterio intacto
del polen,
de la cama,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por pudor,
por cansancio.

No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,
los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,
de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado.

¡Como hubiera deseado!

Comunión plenaria

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos
Tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Dicotomía incruenta

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
donde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

¿Me extravié en la fiebre?

¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.

No estaba con mi sombra,
No estaba con mis gestos,
Más allá de las normas,
Más allá del misterio,
En el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.

No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
Me he perdido.

Escrúpulo

Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece",
yo no aseguro nada.

LLorar a chorros

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo.
Si es verdad
que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Que los ruidos te perforen los dientes

Que los ruidos te perforen los dientes
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un meadero.

Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.

No soy quien escucha

No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas huérfanas palabras.

Solo

Solo
con mi esqueleto,
mi sombra,
mis arterias,
como un sapo en su cueva,
asomado al verano,
entre miles de insectos
que saltan,
retroceden,
se atropellan,
fallecen;
en una delirante actividad sin rumbo,
inútil,
arbitraria,
febril,
idéntica a la fiebre
que sufren las ciudades.

Solo,
Solo,
con la ventana
abierta a las estrellas,
entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,
sin deseos de irme,
ni ganas de quedarme
a vivir otras noches,
aquí,
o en otra parte,
con el mismo esqueleto,
y las mismas arterias,
como un sapo en su cueva
circundado de insectos.

Visita

No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
la afición al misterio,
el culto a la ceniza,
a cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
Ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
Para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,
díganle:
"Se ha mudado".

FIN de los poemas de Oliverio Girondo

Poetas del mes

2 - Poeta Alejandra Pizarnik y Bromiker

Alejandra Pizarnik.jpg

Vida y Poemas

Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972)

Notas de vida y obra

Alejandra Pizarnik nació en una familia de inmigrantes de Europa oriental. Su infancia fue complicada, con problemas de adaptación, familiares y físicos, que minaban su autoestima. Desarrolló una adicción a las anfetaminas con trastornos de depresión, sueño e insomnio. En 1972, en un fin de semana fuera de la clínica donde estaba internada, se suicidó con una sobredosis de seconal. Estudió filosofía y letras y pintura; entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde publicó poemas y críticas, tradujo a Artaud, Michaux, Cesairé y Bonnefoy, además de estudiar historia en la Sorbona (religión, literatura francesa…). Recibió becas Guggenheim y Fullbright.

De nuevo en Buenos Aires, publicó tres de sus principales textos —Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de locura y El infierno musical— y su trabajo en prosa La condesa sangrienta. Apolítica e influida por Porchia, los simbolistas franceses, en especial Rimbaud y Mallarmé, y los surrealistas, Pizarnik escribió con enorme sensibilidad e inquietud, formal o no; sus temas giraban en torno a la soledad, la infancia, el dolor y especialmente la muerte. Su obra es una de las más rupturistas e influyentes en la poesía contemporánea, especialmente en la femenina y en español. Escribió siempre ante la extrema tentación de traspasar los límites, y ante el riesgo, cumplido, de subir a la locura.

DOCE poemas

Anillos de ceniza

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

Cenizas

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos.

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy
pero no tengo mañana
Porque a Ti te...
La noche sufre.

Cuarto solo

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

Fronteras inútiles

un lugar
no digo un espacio
hablo de
qué

hablo de lo que no es
hablo de lo que conozco

no el tiempo
sólo todos los instantes
no el amor
no

no

un lugar de ausencia
un hilo de miserable unión.

La celeste silenciosa

Cerraron el rostro que fue idéntico
al más alto sueño de la augusta infancia
y pájaros temerosos en repliegue rapidísimo
de plumas negras hicieron
el paisaje perfecto del terror.

Soy tu silencio, tu tragedia, tu veladora.
Puesto que sólo soy noche,
puesto que toda noche de mi vida es tuya.

La luz caída de la noche

vierte esfinge
tu llanto en mi delirio
crece con flores en mi espera
porque la salvación celebra
el manar de la nada

vierte esfinge
la paz de tus cabellos de piedra
en mi sangre rabiosa

yo no entiendo la música
del último abismo
yo no sé del sermón
del brazo de hiedra
pero quiero ser el pájaro enamorado
que arrastra a las muchachas
ebrias de misterio
quiero al pájaro sabio en amor
el único libre

Niña en jardín

Un claro en el jardín oscuro o un pequeño
espacio de luz entre hojas negras.
Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años,
señora de los pájaros celestes
y de los pájaros rojos.

Al más hermoso le digo:
—Te voy a regalar a no sé quién.
—¿Cómo sabes que le gustaré? –dice.
—Voy a regalarte –digo.
—Nunca tendrás a quién regalar un pájaro –dice el pájaro.

Origen

Hay que salvar al viento
los pájaros queman al viento
en los cabellos de la mujer solitaria
que regresa de la naturaleza
y teje tormentos
Hay que salvar al viento

Salvación

Se fuga la isla
y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta
Ahora
es el fuego sometido
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilización
que purifica la caída de la noche
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.

Solamente

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida

Te hablo

Estoy con pavura.
Hame sobrevenido lo que más temía.
No estoy en dificultad:
Estoy en no poder más.

No abandoné el vacío y el desierto.
Vivo en peligro.

Tu canto no me ayuda.
Cada vez más tenazas,
más miedos,
más sombras negras.

Árbol de Diana -3

sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el
desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.

FIN de los poemas de Alejandra Pizarnik

Fuentes utilizadas

Páginas varias de internet, entre ellas::
«http://grandespoetasfamosos.blogspot.com.es/2009/01/paises.html#argentina»
«poesialat.tripod.com/julia.html/»
«cvc.cervantes.es/actcult/storni/»
«www.los-poetas.com/g/alba.htm/»
«http://www.poesiademujeres.com/2011/07/detras-de-esa-ventana.html/»

«www.poesi.as/Oliverio_Girondo.htm/»
«www.los-poetas.com/e/pizarnik1.htm/»

Xoán A. Leiceaga Baltar, Enero de 2015

REFLEXIONES de meses ANTERIORES —> Apunte

Inicio: Desde febrero 2010 Reflexión ofrece reflexiones sobre entrevistas a poetas (G. Rojas, por ejemplo) y otros artistas; después, desde octubre 2011 se extiende hacia el poema-libro Descripción de la mentira del maestro A. Gamoneda. Surge pronto la decisión de conservar el carácter mensual y así nace la creciente biblioteca de consulta, que supera ya el mes de meses y se almacena en Ir a reflexiones anteriores, al final de Reflexión.

Segunda parte: En julio 2012 se abre un camino de especial dedicación a la mujer poeta, porque sí y por ir en contra de olvidos improcedentes; además, me sirve de gracias a mis lectoras, que asombrosamente existen. Y ahí comienza el ABeCé de Mujeres Poetas, que la Z completa este diciembre de 2014 y que va de la rusa Anna Ajmátova a la alemana Unica Zürn.

Tercera parte: 2015 se aborda con nueva savia, un recorrido por poetas en español, desde la A de Argentina a la V de Venezuela. Luego, para ascender a lo iberoamericano, preveo incorporar a poetas del portugués e, incluso, a los de las otras tres lenguas existentes en Iberia, una de ellas la mía.